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31 de octubre de 2017, 4:00 AM
31 de octubre de 2017, 4:00 AM

Conocemos a las personas nacidas entre 1980 y 2000 como los millenials, también denominados generación Y. Sin caer en generalizaciones riesgosas, se les reconoce algunas especificidades en sus comportamientos, siendo la nota más destacada la relación que tienen con la comunicación digital. Criados en los inicios de ella, en medio del internet, telefonía móvil y redes sociales, adquirieron un manejo especial en las tecnologías de la comunicación.

Profundizando, encontramos que la categoría tiene seis características: no les preocupa mantener una relación amigable con la historia a la que llegan solo a partir de algún interés particular; a diferencia de sus padres, que tuvieron militancia política, ellos son inorgánicos preocupándose de lo social desde intereses muy concretos, organizándose en colectivos, dinámicos y bullangueros; no organizan su vida desde un concepto territorial, viven en la nube, tienen buenos amigos en Australia pero desconocen quiénes son sus vecinos; retrasan etapas de la vida adulta, como los asuntos laborales y el matrimonio. Leen y escriben todo el día, bajo sospecha por las formas y por los contenidos poco relevantes según sus críticos. Y, finalmente, no les quita el sueño lo que piensen de ellos.
Por esa capacidad y sus comportamientos, surge la pregunta de si existe la ciudadanía millenial y qué se puede esperar de ellos, de su creatividad, la actitud crítica permanente hacia la sociedad y la búsqueda que tienen de categorías distintas a las de sus padres.

Mientras tanto, resulta que el poder se mueve de una manera totalmente distinta, con consignas cumplidas sin discusión por quienes lo siguen, con reflexiones de carácter teórico que no cumplen en la vida cotidiana, y utilizando un lenguaje academicista y difícil de comprender. Y ahí están los jóvenes, en colectivos de causas justas, inorgánicas, funcionan en redes detestando las estructuras piramidales y las rutinas laborales.

Voy a ser más provocador. El futuro de la democracia boliviana está en gran medida en el comportamiento de los millenials y de la generación que le sigue; por un asunto de número, representan el 40% de los nuevos ciudadanos. 

No se trata simplemente de definirlos, sino de comprender una forma de ver la vida que, por distinta a la tradicional, genera desconcierto y dudas, pues no responden a la disciplina, horarios y condiciones que vivieron sus padres. Por otro lado, con el volumen de información que administran, la capacidad de comunicación y de innovación que tienen, otro podría ser el comportamiento de nuestra sociedad si se impusieran superar trabas, mezquindades y bloqueos mentales.

¿Cómo podremos comprender el mundo y alcanzar mayor desarrollo sostenible, si no podemos entender las claves con las que se comunican los jóvenes? Y ellos, ¿dónde están los nuevos liderazgos y los compromisos que deben asumir frente a un mañana cada vez más complicado?
Vivir en ciudades, estar conectados en redes y la presencia de los jóvenes, son las claves de los nuevos tiempos.

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