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1 de agosto de 2017, 4:00 AM
1 de agosto de 2017, 4:00 AM

¿Qué se puede hacer en un país de gran territorio, poca población y que no ha resuelto su estructura de servicios básicos ni seguridad alimentaria?

Lo primero, identificar las necesidades donde vive la gente. La tentación natural es analizar las ciudades grandes por la masa poblacional existente en ellas y las consecuencias políticas que tiene su desatención. No recoger la basura en una ciudad de 500.000 habitantes tiene un impacto político distinto que la falta de servicios de salud en 80 municipios que suman esa misma cantidad, pero dispersos en la distancia.

Esa necesidad de resolver urgencias de manera improvisada multiplica las complicaciones y pasa de lo urbano a lo ambiental. Los vertederos, lugares inmisericordes que acumulan desechos y arremeten contra los niveles freáticos, están haciendo que la búsqueda de agua dulce sea cada vez más profunda. Esta descripción, que no tendría que asombrar a nadie, es lo que ocurre en 339 lugares, los 365 días del año.

La búsqueda de respuestas científicas y oportunas nos ha llevado a descubrir una categoría que también está en los discursos, aunque sin contornos definidos: ciudades intermedias. En Bolivia, representan 74 municipios que tienen una población entre 20.000 y 100.000 habitantes.

Para focalizarlos más, hemos excluido de ese número aquellos que están en las tres áreas metropolitanas y quedamos con 51. Y volvimos a realizarnos la pregunta inicial, esta vez con toda la intencionalidad: ¿y qué función tienen las ciudades intermedias en Bolivia?

Más allá de la clasificación por el número de habitantes, ninguna. Si revisamos su ubicación, están distribuidas en todas las geografías del país y no parece que tendrán otro destino más que seguir alimentando la migración hacia las ciudades capitales, principalmente del eje central, como destino idealizado, el departamento de Santa Cruz, y más todavía, el Urubó. La oferta de ilusiones está haciendo que la zona denominada Urubó ya esté llegando con ofertas inmobiliarias hasta cerca de Buena Vista….

Hemos encontrado que las ciudades intermedias deben cumplir tres condiciones básicas para convertirse en referencia de desarrollo territorial. Deben ser nodos de servicios públicos, contar con áreas de seguridad alimentaria y desarrollar capacidades económicas y emprendimientos sociales que fortalezcan la cohesión social, y la palabra es el turismo sostenible. Esta es la ruta.  

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