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Co-crear un mundo mejor

Ismael Cala 26/10/2019 03:00

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 Recientemente asistí a un evento en Amberes (Bélgica), donde todas las participantes eran mujeres emprendedo­ras. 

Es increíble sentir la ener­gía que emana de un grupo de mujeres. 

Son imparables. Por eso pienso que, cada día más, debemos ver las diferencias de género simplemente co­mo características opuestas, en algunas ocasiones, pero jamás como rivales.

Por ejemplo, desde el pun­to de vista físico, autoras como Anna Grabowska han concluido que las diferencias entre el cerebro de hombres y mujeres vienen dadas por el tamaño del cuerpo calloso (ese haz de fibras que une a ambos hemisferios) y que favorece a las féminas. 

Tam­bién lo han correlacionado con la fluidez verbal, que se­ría mayor en las mujeres. Otra característica dife­rencial tiene que ver con la cantidad de neuronas espejo. 

Estas son necesarias para de­sarrollar la capacidad empá­tica, y permiten conectarnos de manera profunda con los otros. Dos partes específicas del cerebro (pars opercularis, situado en el lóbulo frontal, y el lóbulo parietal inferior) serían la característica diferenciado­ra entre hombres y mujeres.

Ahora bien, todas estas dife­rencias son físicas. La palabra final la tendrán el ambiente y los estímulos a los que esté sometido el cerebro, que responderá de la mejor manera para adaptarse. Las estadísticas muestran las caras de una misma moneda. 

Por una parte, de acuerdo con ONU Mujeres, en enero de 2019 solo el 20,7% de los cargos ministeriales estaban ocupados por mujeres. Sus cinco áreas más comunes suelen ser asuntos sociales, me­dio ambiente, energía, trabajo o formación vocacional, comercio e industria.

Es decir, aún hay mu­cho camino por transitar en la an­siada y merecida equidad. 

Al mismo tiempo, la misma fuente indica que la representa­ción femenina en los gobiernos locales puede suponer una gran diferencia. 

Una investigación sobre los panchayats (consejos locales) de India demostró que el número de proyectos de abas­tecimiento de agua potable, en zonas dirigidas por mujeres, era un 62% mayor que en los con­sejos gobernados por hombres. 

Por otro lado, en Noruega se encontró una relación de cau­salidad directa entre la presen­cia de mujeres en los consejos municipales y la cobertura del cuidado infantil. 

Entonces, ¿hasta cuándo se­guiremos apostando a la compe­tencia entre géneros en lugar de la cooperación para co-crear un mundo cada vez mejor?