Opinión

Combatir la basura electrónica

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27 de octubre de 2017, 4:00 AM
27 de octubre de 2017, 4:00 AM

Bolivia produce unos 5,4 millones de toneladas de residuos domiciliarios cada día. En promedio, cada boliviano genera medio kilo de basura cada 24 horas, unos 179 kilogramos al año per cápita. De estos, 5,2 kilos son residuos electrónicos de todos aquellos equipos que ya no utilizamos y que terminan en un tacho de basura. Del total, unas 72.000 toneladas al año son residuos electrónicos.

Si bien el país está por debajo del kilo promedio que producen los latinoamericanos per cápita a diario (unos 365 kilos por año), en Bolivia la generación de basura es un problema creciente para la salud pública que demanda políticas más agresivas, especialmente de los municipios.

Del total de la basura que se genera en el país, al menos el 22,5% es de materiales reciclables, un 55,5% es materia orgánica que se podría volver a utilizar y el resto es desechable. Sin embargo, apenas un 4% de los residuos que producimos cada día se recicla para obtener otros beneficios materiales. Es decir que, un 75% de la basura reciclable se elimina definitivamente, con las consecuentes pérdidas económicas para el país.

Está claro que falta una cultura ciudadana para aprovechar los residuos reciclables. Allí, se observa una agenda pendiente en los municipios, que son los responsables de disponer de la basura a través de políticas concretas de reciclaje y destrucción de desechos.

El Gobierno estableció una inversión de 30 millones de dólares, con créditos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la de la CAF/Banco de Desarrollo de América Latina, para ejecutar proyectos de tratamiento de basura hasta 2018. Pero el retraso es evidente.

Entre los más peligrosos y que duran más tiempo en el medioambiente están los residuos tecnológicos. Este tipo de basura tarda más de 1.000 años en degradarse, con el consecuente impacto en los suelos y acuíferos de las ciudades.

Teléfonos celulares, tabletas y partes de computadoras (monitores, teclados, mouses, cables, CPU, baterías, entre otros) tienen un alto impacto en la sostenibilidad ambiental de las urbes. Por eso, es saludable que la Empresa Municipal de Aseo Urbano de Santa Cruz (Emacruz) y la Fundación para el Reciclaje (Fundare) impulsen una campaña para la recolección masiva de estos desechos.

Se requiere, sin embargo, una acción política más amplia para combatir la mala disposición de la basura en el país. Actualmente, Bolivia exporta unas 50 toneladas de residuos electrónicos a Estados Unidos y Europa. Pero es necesaria una mayor concienciación de la población para que disponga de estos equipos en desuso para su reciclaje o disposición final en los botaderos que deberían tener los municipios en todo el país.

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