Opinión

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¿Cómo cambiará nuestra vida?

Guillermo Dávalos 9/5/2020 03:00

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El cuidado de la salud de hoy no es el cuidado de la salud sino de la enfermedad, los sistemas de salud nos cuidan después de la enfermedad, no nos cuidan mientras estamos sanos, sino cuando terminamos en una sala de emergencia después de alguna dolencia y concordante con ello los seguros de salud nos cubren solo después que se evidencia la enfermedad y los seguros de muerte después del fallecimiento.

Así como la educación necesitamos reinventar los sistemas de salud o quizá más propiamente poner de pie lo que anda de cabeza, de manera que el propósito sea el cuidado de la salud y no de la enfermedad, en otras palabras que el propósito de los sistemas y seguros de salud sea el de manteneros saludables y los seguros de vida paguen para mantenernos con vida, y todo ello ya está en fase de experimentación en base a sensores y redes con inteligencia artificial instalados en los hogares que permitirán un monitoreo permanente de nuestro ritmo cardiaco, de cómo estamos escribiendo, hablando o como estamos caminando y si comienzan a descubrir algún tipo de patrón se pondrán a buscar algún tipo de enfermedad desde sus inicios con una alta probabilidad de que sea tratada y curada.

Este enfoque focalizado en el cuidado de la salud significa, como hemos visto, centrarnos en el ámbito preventivo con la mirada puesta en los avances tecnológicos, pero además entre tanto hacerlo ya, puesto que si echamos una mirada a la estructura epidemiológica de Bolivia, sobresale los aún altos niveles de mortalidad infantil que alcanza alrededor de veinte mil niños menores de cinco años que fallecen anualmente, es decir mueren cuarenta niños por día por causas absolutamente prevenibles, puesto que son provocados por infecciones respiratorias agudas y diarreas, es decir evitables si mejoramos los niveles nutricionales y los hábitos de higiene, los mismos sobre los que se insiste a raíz del COVID 19. 

En segundo término están las enfermedades trasmisibles donde sobresale el dengue, la tuberculosis y en estos días el COVID 19, nuevamente altamente prevenibles y por último las enfermedades no trasmisibles encabezadas por las enfermedades cardiovasculares, seguidas de los canceres y la diabetes, que sin duda podrán disminuir su incidencia fortaleciendo el sistema inmunitario del organismo a través del mejoramiento alimentario nutricional, disminuyendo el sedentarismo, el consumo de tabaco, alcohol y mejorando el medio ambiente.
Un capítulo aparte merece el abordaje de los trastornos psicosomáticos, incrementados en los últimos años y sobre todo ahora con el COVID 19 y la crisis económica, puesto que están asociados al desgaste emocional y el estrés que inciden en todo tipo de enfermedades, desde cardiovasculares a otras que afectan a la piel, al aparato respiratorio, tics o migrañas, estimándose que hasta el 30% de las nuevas consultas en atención primaria podrían estar relacionadas con un trastorno psicosomático.

Y el abordaje de la salud mental nuevamente requiere un cambio de enfoque basada en la prevención y la participación comunitaria, clave para la detección temprana y por tanto centrada en el nivel primario de salud y no en el aislamiento de las personas en hospitales psiquiátricos. Crear resiliencia mental desde edades tempranas con el fin de evitar la angustia y las enfermedades mentales entre los adolescentes y los adultos jóvenes a través de la prevención desde la familia, las escuelas y otros entornos comunitarios que junto al fortalecimiento de capacidades de los profesionales puedan detectar y tratar los trastornos mentales.

Hace cientos de miles de años cuando empezó la vida de los primeros humanos la esperanza de vida era como de 26 años, a los 30 se consideraba viejo, se tenía un hijo a los 13 años y cuando se alcanzaba los 26 se podía tener un nieto, pero desde entonces se viene extendiendo la vida humana sana a los 65, 70 y 80 años y si transformamos el enfoque basado en el cuidado de la salud y no de la enfermedad, se estima que en esta década se podrá ampliar la longevidad vital y saludable hasta 10 años más.

Los próximos años estarán marcados por la cooperación entre los humanos y la tecnología, lo que abaratará los costos, mejorará la calidad y será una experiencia más humana porque el humano hará lo que mejor sabe hacer, contribuir al desarrollo saludable, afectivo y emocional y automatizar las cosas repetitivas y aburridas.

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