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Hay al menos cinco maneras de controlar el recuento de la votación del 20 de octubre. Algunas son mejores que otras. Este control se impone por la inocultable parcialidad del organismo electoral con el binomio oficial.

Primero, las encuestas preelectorales preguntan a una pequeña muestra representativa de votantes por quién creen que van a votar. Hasta fines de septiembre se han presentado casi 50 encuestas. Estas encuestas dan una estimación de las posiciones de los candidatos en una cierta fecha. Todas muestran las mismas tendencias.

Evo ocupa el primer lugar seguido de Mesa. Ortiz aparece en tercer lugar. Los que dicen que van a votar nulo, blanco o que no responden desplazan a Ortiz del tercer lugar en algunas encuestas. Si Mesa y Ortiz sumaran sus votos en una sola candidatura, la segunda vuelta estaría garantizada y la derrota de Evo sería segura.

Los demás candidatos están tan bajos que no merecen ser tomados en cuenta.

En ninguna encuesta Evo supera el 50%. Si lo superara ganaría en la primera vuelta. También ganaría en la primera vuelta si: 1) superara el 40% y 2) se distanciara del siguiente candidato en un 10%. De no suceder nada de esto se impone una segunda vuelta solo entre Evo y Mesa. En ese caso gana Mesa según la mayoría de las encuestas.

Tan solo dos de casi 50 encuestas muestran que Evo supera el 40%. Todas las demás muestran que está debajo del 40%. Si este fuera el caso el día de la elección, se daría necesariamente una segunda vuelta. Podemos estar seguros que el organismo electoral hará lo posible y lo imposible para evitar ese resultado. Las encuestas previas sirven para que detectemos esos retoques.

Segundo, las encuestas “en boca de urna” preguntan por quién votaron a una pequeña muestra representativa de votantes no bien terminan de introducir su voto en el ánfora. Estas encuestas sirven para proyectar los resultados finales con bastante precisión.

Tercero, el ‘conteo rápido’ es una estimación de los resultados que se basa en una pequeña muestra de actas electorales. Como se basa en un documento que certifica votos emitidos, no es necesario hacer preguntas a nadie. Esta opción es la más sencilla y es bastante precisa.

En cuarto lugar, existe la posibilidad de un recuento independiente del máximo número de actas electorales. El Padrón Electoral indica que se abrirán 33.050 mesas de votación que se instalarán en 5.134 diferentes recintos.

Es indispensable que los partidos de oposición designen, capaciten y envíen delegados a todas las mesas que los acepten. Los delegados bien capacitados se quedarán hasta el final de la votación. Verificarán con mucho cuidado el recuento de votos. Validarán ese recuento firmando el acta electoral.

El organismo electoral puede hacer milagros en las mesas donde no se permitan delgados de partidos de oposición. Por dar un ejemplo, en Chapare es muy dudoso que admitan la presencia de delegados de oposición. Algo similar puede suceder con los centros de votación en el extranjero.

Se estima que la votación incontrolable en áreas rurales puede alcanzar hasta un 15% del total. Los no depurados del extranjero llegan hasta casi un 5% de los habilitados. Los dos grupos suman un 20% de los habilitados.

Para el 80% restante los delegados de partidos deben obtener una copia del acta electoral en la mesa donde estén acreditados. Para hacerlo tienen que acreditar 26.440 delegados. Con este número de actas se puede estimar el resultado final de una manera mucho más precisa, incluso si se asignan el 100% de los votos rurales y externos al binomio oficial.

Las organizaciones de la sociedad civil por su parte pueden convocar a miles de voluntarios anónimos que saquen y envíen fotos desde sus celulares de las actas firmadas al final de la votación. Basta con publicar las direcciones de whatsapp donde se reciben esas fotos. Para esas direcciones se deben habilitar centros independientes de cómputo, uno en cada capital de departamento más otro en El Alto. Dependiendo de cuántos voluntarios respondan, se pueden estimar los resultados finales con bastante precisión.

En quinto lugar están los informes finales de los observadores internacionales. Asombra que estas misiones no empiecen su trabajo señalando dos cosas absolutamente claras. Primero, que la habilitación del binomio Evo-Álvaro se realizó mediante argucias disfrazadas de una dudosa legalidad. Segundo, que el organismo electoral ha demostrado más allá de toda duda su absoluta parcialización con el binomio oficial.

Si los informes de los observadores no parten de estas dos observaciones, el resto de su trabajo consistirá en echar agua bendita sobre el fraude electoral.

Si los partidos de oposición y la sociedad civil no son capaces de montar al menos uno de estos sistemas independientes de control del recuento de votos, tendrán que tragarse un gobierno engendrado por el fraude. Si se documenta el alcance del fraude, ese dato legitimará la resistencia a la Evocracia.

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