El Deber logo
1 de agosto de 2018, 4:00 AM
1 de agosto de 2018, 4:00 AM

Cada vez que llega el 6 de agosto recordamos en el país el Día de la Independencia, cuando Bolivia nació como República en 1825. Mucha agua corrió bajo el puente desde entonces y, si Dios quiere, en breve (siete años) estaremos festejando el bicentenario.

193 años de existencia no es poco y vale la pena hacer un alto y preguntarse de manera objetiva y serena: ¿Cuánto hemos avanzado como país en este tiempo? ¿Somos verdaderamente soberanos cuando gran parte de nuestro desempeño económico depende de unos pocos productos y gran parte de nuestro crecimiento se afianza en la economía informal y el endeudamiento interno y externo?

Que últimamente se han dado importantes logros, es verdad, sobre todo en la inclusión social; sin embargo, para evitar todo apasionamiento, subjetividad y vanas discusiones en cuanto a lo avanzado ¿por qué no compararnos con otros países que, como Corea del Sur en un tiempo increíblemente corto pasó de ser una nación postergada, incluso más pobre que Bolivia, por los años 50, a encumbrarse como un país desarrollado y líder mundial en el campo del conocimiento?

Valdría la pena también que analicemos, con cuidado, cuánto avanzamos como sociedad. ¿Somos un país más integrado o nos siguen separando las taras mentales de creernos unos más que otros por el color de piel, la extracción social, el saber o tener más? ¿Podríamos decir que con el avance económico que ha experimentado Bolivia tenemos una sociedad más justa y solidaria? ¿Cuenta el ciudadano de a pie con un mejor servicio de salud y educación, mayores ingresos y una mejor calidad de vida?

Si las respuestas no son satisfactorias, habría que reflexionar más profundamente entonces en estas fiestas patrias: ¿Cómo está Bolivia a los ojos de Dios? ¿A quién rinde tributo nuestro corazón? ¿En quién está nuestra esperanza? ¿Amamos a Dios con todo el corazón, toda la mente, con toda nuestra alma y nuestras fuerzas? ¿Amamos a nuestro prójimo como a nosotros mismos? ¿Nos amamos unos a otros como Jesús nos amó? ¿O será que -obnubilados por el conocimiento adquirido, el poder alcanzado, la posición lograda o el prestigio conseguido- nos olvidamos de Dios? ¿O que en su ignorancia, pobreza, enfermedad y desesperación, muchos ponen sus ojos en el hombre y no en Dios? ¡Mucho por evaluar este 6 de agosto!

Tags