Opinión

¿Cómo salvar a Bolivia de una prolongada recesión?

Gary Antonio Rodríguez A 31/5/2020 03:00

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La economía boliviana va camino a enfrentar este año uno de los momentos más difíciles de los que se tenga memoria desde los años 80’ (época de la UDP), con un pronóstico de recesión derivado de la pandemia en el mundo y que golpea al país, luego de las medidas cuarentenarias adoptadas.

Bolivia viene de registrar en 2019 su menor crecimiento en casi dos décadas con un 2,2%, pero crecimiento al fin; viene de experimentar una inusual “desinversión” en cuanto a Inversión Extranjera Directa Neta y en la gestión 2020 registrará su séptimo déficit fiscal consecutivo y, casi seguro, su sexto año consecutivo con déficit comercial, mientras que sus ingresos por exportación de servicios caerán (turismo, remesas del exterior, etc.). Todo esto implicará a corto plazo una presión sobre el tipo de cambio que, de no resolverse a tiempo, podría forzar a una devaluación. Para evitarlo, la solución pasa porque Bolivia exporte más e importe menos.

Dados los pronósticos iniciales de recesión de la economía boliviana por parte del FMI (-2,9%) y del Banco Mundial (-3,4%), que se han quedado cortísimos por las previsiones oficiales del actual gobierno, el tiempo apremia y los únicos sectores con posibilidades de una rápida reacción y un amplio efecto multiplicador son el sector agrícola, pecuario y agroindustrial, para que el sector agroexportador venga productos con valor agregado. Otro sector de rápida reacción a considerar también es el forestal-maderero, por su alta capacidad de inversión y generación de empleo a corto plazo. La inevitable consecuencia de una recesión, es desempleo generalizado.

Frente a un escenario internacional proteccionista, con bajos precios y devaluaciones generalizadas, exportar más conllevará la imperiosa necesidad de mejorar la productividad y la competitividad, especialmente cuando el tipo de cambio sigue fijo desde el 2011, y el gobierno dice que no lo moverá (para no generar expectativas inflacionarias, no afectar a la “bolivianización” de la economía y no desestabilizar al sistema financiero).

Frente a tan sombrío panorama, el uso de la agrobiotecnología para producir más y mejores alimentos es parte de la solución: para generar un vasto efecto multiplicador sobre la economía, prodigar empleos en cantidad, y con ello ingresos personales, así como impuestos y divisas para el Estado.

La mejor producción de materia prima para biocombustibles -con el uso de semillas genéticamente modificadas de soya y caña de azúcar- ayudaría a mejorar la posición de las reservas en el BCB, por el ahorro de divisas ante la menor importación de diésel y gasolina, además que bajaría la subvención a los combustibles y generaría mucho empleo en toda la cadena productiva.

En momentos en que urge la toma de decisiones en este campo, al activismo tradicional (intereses comerciales y ambientalistas) se ha sumado un insufrible activismo político que puede llevar a la inestabilidad si no se quiere entender que la agrobiotecnología significa alimentos sanos, mejores rendimientos para el agro, garantía de abastecimiento local, aumento de exportaciones y la posibilidad de sustituir importaciones (combustibles fósiles, alimentos) con más inversión y crecimiento económico, más ingresos y divisas para el Estado, así como empleo para los bolivianos, todo ello frente a la confirmada recesión económica en Bolivia y el mundo. No lo olvide: recesión, implica pérdida de empleos, ingresos y más pobreza.

Con el uso pleno de la biotecnología no solo se podría evitar que la recesión del 2020 se prolongue más allá, sino que se podría alcanzar la meta de triplicar la producción de alimentos al 2025, garantizando nuestra seguridad y soberanía alimentaria y, con ello, la estabilidad económica y los empleos.

Para lograrlo, el Presidente del IBCE, Pedro Colanzi Serrate, en el Balance de Gestión realizado en diciembre del 2019, avizorando que el crecimiento económico podría ser el menor en dos décadas por causa de los incendios en varios Departamentos durante 4 meses, el paro cívico por tres semanas, la convulsión social y el cambio de gobierno, propuso un Gran Pacto Social Productivo por la Economía Boliviana entre el Gobierno, Empresarios y Trabajadores, para acordar acciones de corto, mediano y largo plazo.

En dicho marco, se debería priorizar políticas para estabilizar el sector externo con una Política de Promoción Selectiva de Exportaciones y una Política de Sustitución Competitiva de Importaciones, con el respaldo de los trabajadores, acabando con la eterna confrontación que provocan sus dirigentes en contra de los empleadores privados; solo así el Gobierno podría encarar las políticas que el sector empresarial demande para invertir.

Si no hacemos esto ¡prepárese para uno de los más difíciles momentos de la historia económica del país, donde sufrirá la gran familia boliviana!