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Comunicar bien para gobernar mejor

8/5/2020 03:00

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Roberto Marcelo Vera

“Las improvisaciones son mejores cuando se las prepara”, Willian Shakespeare.

Cambios de ministros y viceministros en medio de una emergencia médica sin precedentes, sin dar razones claras de las dimisiones, falta de información respecto a los test realizados y el equipamiento médico requerido por profesionales y hospitales, amigos y familiares de autoridades viajando en aviones oficiales en medio de las restricciones de circulación impuestas para el resto de la población. ¿El gobierno está atravesando una crisis de comunicación? Definitivamente sí.

¿Por qué satanizar al gobierno si este tipo de denuncias se vienen repitiendo durante los últimos catorce años? La respuesta es simple y contundente: No en tan corto tiempo, no en medio de un gobierno de transición y no con el país enfrentado un incidente sanitario de la magnitud como el que enfrentamos actualmente.

Para muestra un botón. La virulenta declaración del ministro Arturo Murillo justificando el uso de aviones del Estado para traslado de autoridades cercanas al gobierno y justificarlo comparándolos con el uso de helicópteros para pasear bebes, en directa alusión al anterior gobierno, o la cantinflesca declaración de Yerko Nuñez, ministro de la presidencia, avalando el traslado de una ciudadana en un vuelo oficial deben ser de los más desafortunados reportes que se ha visto en la comunicación gubernamental en los últimos años.

No voy a hacer eco de las denuncias sobre mal uso de los bienes del Estado. Me parece más pertinente hablar de la pobre gestión de la comunicación gubernamental que evidentemente pasa por un mal momento. Una crisis comunicacional implica un reto gigante ya que hace tambalear el sistema de valores que sostienen la institucionalidad del Estado en su conjunto. La legitimidad de las acciones de este gobierno ya se encontraba en entredicho a partir de la decisión de la presidenta Añez de presentarse como candidata a las próximas elecciones (decisión completamente legal pero no necesariamente ética).

La comunicación de crisis obliga a pisar el freno a fondo ya que las crisis se producen en  un contexto excepcional en el que hay que evaluar, con un alto nivel de autocrítica,  lo que está sucediendo para así poder gestionar certezas en un marco de total incertidumbre.

En momentos en que el gobierno nacional debería informar sobre salud, economía, y difundir con claridad la abrumante cantidad de datos sanitarios que se originan en estas circunstancias, elige organizar visitas a los medios para justificar lo injustificable, con sus ministros y autoridades participando de un desfile de improvisaciones, renuncias, acusaciones y desmentidos.

Los errores de comunicación del gobierno se podrían sintetizar en los siguientes puntos: Se dirige sólo a los que están de acuerdo con su discurso  y dice lo que éstos quieren oír, tiene siempre un enemigo al que se responsabiliza de todos los males del pasado, polariza a la sociedad, exagera, dice medias verdades o francas mentiras, abusa de  un lenguaje religioso en el que Dios forma parte esencial del discurso, defenestra a quienes considera sus enemigos y finalmente, descalifica sistemáticamente a los medios de comunicación. Salvo en el tema religioso, cualquier parecido con el anterior gobierno es mera coincidencia.

Hay que hacer una diferenciación severa entre lo que es comunicación de la gestión y la propaganda política. La gestión de la comunicación gubernamental, efectuada de una manera transparente y continua, genera legitimidad. Debe ser una comunicación de ida y vuelta. Deben comunicar todas las instancias del gobierno y también debe comunicar el ciudadano.

Entonces ¿Cómo debería comunicar el gobierno? Debe hacerlo construyendo un discurso coherente para transparentar la información sobre las políticas que se están ejecutando así como también debe construir acuerdos para legitimar el camino que se va a seguir.  El objetivo de la comunicación gubernamental es generar consenso. Si la comunicación gubernamental no actúa bien, no hay consenso y si no hay consenso, no hay gestión eficiente de la misma.

La mala comunicación gubernamental, irremediablemente, genera un daño político que a la larga terminará afectando a la estructura del sistema democrático. Un Estado que a través de sus poderes decide ir a elecciones en contra del sentido común, que aconseja preservar la salud de los ciudadanos, generará en el corto plazo un desencanto absoluto frente al sistema.

El gran reto de cualquier gobierno es mantener a los ciudadanos informados. Comunicar toda decisión, cambio o nueva política de forma inmediata para no generar mayor incertidumbre en la población. Deben generarse estructuras de gobierno electrónico (e-government) para promover el uso y aprovechamiento de las tecnologías de la información y las comunicaciones para consolidar un Estado y ciudadanos competitivos, proactivos, e innovadores, generando un entorno de confianza digital. Esto se logra estableciendo canales de comunicación con los ciudadanos, fortaleciendo sus canales en redes y potenciando sus sitios institucionales.

Mientras el actual gobierno no transparente la información sobre aspectos esenciales relacionados con la emergencia sanitaria como por ejemplo: Disponibilidad total de pruebas para el COVID 19, dotación de ítems de salud, data real de la cantidad de internados en los centros hospitalarios, cifras reales de contagiados y sospechosos, lo único que va a generar en la población es desconfianza y rechazo y,  lo que es peor,  mostrará que entre esta gestión transitoria y la anterior, arbitrariamente adosada al poder por 14 años, no hay una gran diferencia.

Finalmente quiero cerrar con una declaración de principios de un portal de humor político con la que suscribo totalmente: Tratemos de ser equitativos en nuestro desprecio por la clase política. Amén