Opinión

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¿Con quién dialogar?

Juan Cristóbal Soruco 24/9/2021 04:00

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La senadora cochabambina Andrea Barrientos, de Comunidad Ciudadana (CC), realizó unas declaraciones en las que sostuvo que tenía más coincidencias con el Movimiento al Socialismo (MAS) que con Creemos, afirmación que, al ser sacada de contexto y duramente criticada, la obligó a presentar renuncia a la jefatura de su bancada en el Senado.

El hecho es una muestra más del estado de polarización en el que se encuentra el país y de las poquísimas esperanzas que quedan en que se pueda cambiar democráticamente esa realidad. Pese a los mensajes que ha mandado la ciudadanía al MAS y a las oportunidades que se ha dado a su dirigencia para impulsar un proceso de conciliación y recuperación y ejercicio de valores democráticos, el MAS sigue optando por la confrontación y nos está conduciendo a un callejón sin salida.

Pruebas al canto son, por un lado, la declaración de su cacique y expresidente fugado en sentido de que sólo podrá haber reconciliación si se acepta que hubo golpe en su contra en noviembre de 2019 y que el MAS es la organización que representa los intereses del país o los discursos de plaza que lanza el Presidente del Estado provocando a la ciudadanía, así como la actitud dictatorial y violenta en contra de cuanta disidencia aparezca utilizando a especies de grupos paramilitares y al aparato judicial como un mecanismo de represión.

Por el otro lado, la reacción de los dirigentes de Creemos y dentro de la propia CC criticando duramente a Barrientos, que muestran el grado de enguerrilleramiento en que nos encontramos.

En ese contexto, la declaración de Barrientos parece, pues, impertinente. Hoy por hoy es imposible dialogar con el MAS, pues sus conductores impiden hacerlo, percepción que la misma senadora señalaría después en sentido de que por las circunstancias actuales es imposible arribar a ningún acuerdo con el partido de gobierno, precisamente por la actitud creciente y preocupantemente autoritaria y represiva de sus conductores.

Pero, la verdad es que el ejercicio democrático de la política exige permanente diálogo entre las diferentes corrientes ideológicas y entre eventuales mayorías y minorías. En ese sentido, Barrientos no ha cometido ningún desliz al sostener que tiene mayores coincidencias programáticas con el MAS que con Creemos, corrientes que, efectivamente, se encuentran en los extremos del abanico político ideológico que hay en el país.

Vale esta oportunidad para recordar que una de las razones por las que en 1982 se abrió el ciclo democrático más largo de nuestra historia fue que los diferentes partidos tuvieron la capacidad de arribar a acuerdos sin arriar sus propias banderas en temas de interés nacional como la independencia del Órgano Electoral, la reforma de la educación, la reforma de la Constitución, la descentralización, la elección de autoridades del aparato estatal por dos tercios de los miembros del Parlamento, acuerdos que se trata de olvidar, precisamente, para imponer un sistema autoritario de gobierno como el MAS pretende conseguir.

Sin embargo, también es necesario explicitar, para no caer en el futuro en errores similares, que esa capacidad de arribar a acuerdos entre diferentes que permitió profundizar la democracia fue deslegitimada cuando se la utilizó para satisfacer intereses espurios, al punto que generó las movilizaciones que permitieron el derrocamiento del sistema político-partidario que se creó a partir de 1982.

Hoy, el país requiere con urgencia que los actores políticos recuperen capacidad de concertación en temas de interés general, lo que sólo se podrá conseguir si prevalece en ellos su adhesión al sistema democrático y no a una visión autoritaria de poder ni a un servil adulo al caudillo de turno.

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