La rearticulación del Consejo Nacional de Defensa de la Democracia (CONADE) se presenta en la actual coyuntura boliviana como una necesidad política y un imperativo histórico insoslayable. En un momento en que la transición hacia una democracia plena se ve empañada por las rémoras de un periodo autoritario que pretenden mimetizarse en la estructura estatal, el rol de las instituciones de la sociedad civil adquiere una relevancia trascendental. La ausencia de una estructura de partidos que certifique la participación ciudadana en la vida política y las dinámicas del Poder, la precariedad de las organizaciones políticas actuales y el vacío dejado por el progresivo deterioro de las ideologías que fundamentaban el accionar político en el siglo XX, exigen la presencia de instituciones de la sociedad civil capaces de articular la construcción de una democracia que sea capaz de superar los veinte años de autoritarismo masista.
Los esfuerzos de ciudadanos afiliados al CONADE tanto en Bolivia como en otros países, y el interés en rearticular sus acciones en el horizonte de una democracia más ciudadana y participativa, son, al final del día, el producto de un largo proceso de descomposición de las formas y estructuras políticas que se mantuvieron vigentes a lo largo del siglo XX y parte del XXI, y la apertura de un nuevo ciclo que exige la presencia ciudadana, empero, en el concierto de una economía global y el desarrollo de las fuerzas productivas del capitalismo tardío, estas organizaciones constituyen los nuevos dispositivos por los cuales la sociedad civil no solo participa del desarrollo político de la ciudadanía, sino, además, llenan el vacio dejado por los partidos clásicos en una versión no militante.
El momento en que los ciudadanos ya no reconocían en las organizaciones partidarias las posibilidades de ser escuchados por el Estado, y en el momento en que el progresivo deterioro de los mecanismos de representación y participación política que tan eficientemente funcionaron a través de las organizaciones políticas formales en la segunda mitad del siglo XX, se instituyó la necesidad de organizaciones de defensa de la democracia.
En consecuencia, organizaciones como el CONADE constituyen invaluables dispositivos de la sociedad civil encargados de velar por la presencia de la ciudadanía, las identidades y sus versiones étnicas y culturales en las dinámicas que, en el siglo XXI, tiene la misión de proyectar las condiciones de funcionamientos de democracias ciudadanas mejor ajustadas a un mundo donde la tendencia a sustituir la democracia por la infocracia son cada vez mayores.
Los actuales esfuerzos del CONADE deben interpretarse, en última instancia, como expresiones de un momento del desarrollo de la democracia boliviana, caracterizado por la urgencia de reconstruir la institucionalidad y recomponer una ética y una moral democrática que veinte años de corrupción masista dejaron en ruinas. Estamos seguros de que el apoyo de la ciudadanía y el fortalecimiento de sus organizaciones de base, lograran consolidar los actuales esfuerzos organizativos en una institución capaz de erigirse como el referente moral de las nuevas formas de hacer política en el país.
(*) Renzo Abruzzese es sociólogo