Opinión

Conflictos en la Alcaldía

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12 de febrero de 2017, 4:00 AM
12 de febrero de 2017, 4:00 AM

Produce muy mala impresión que la principal Alcaldía del país muestre un rostro tan descompuesto como el de los últimos días en Santa Cruz, con reiteradas denuncias de corrupción, pedidos de revocatoria a los concejales, citaciones del Ministerio Público a ex funcionarios municipales, protestas por extorsión de algunos vecinos propietarios de negocios, y con una tambaleante alianza política en el Concejo producto del remezón que ha provocado la presencia de Johnny Fernández al ocupar su curul.


Los intereses personales no deberían entorpecer una gestión de trabajo naturalmente, pero también es cierto que se requiere fiscalizar lo que sucede en el municipio cruceño, porque, aunque sus principales ejecutivos nieguen todo atisbo de corrupción, porque no se puede esperar otra cosa, son incontables las denuncias que afirman la actitud dolosa de muchos funcionarios municipales, a quienes habría que investigar para poner freno a tan lamentables sospechas.


Una ciudadanía que cumple con sus obligaciones impositivas, que apoya decididamente a su alcalde como se ve en sufragios y encuestas, merece como respuesta la confianza de una información transparente sobre  cómo se utilizan los recursos y en qué. Todo indicio de duda sobre el manejo de los fondos municipales no solo hará que la población se retraiga en el cumplimiento de sus obligaciones tributarias, sino que pierda la fe en quienes manejan esos recursos.


Por otra parte, el municipio está para encargarse del cuidado de la ciudad, de que sus habitantes vivan de la mejor manera, de que cuenten con los servicios más esenciales y no para que desde allí se haga política. Que los concejales conviertan al Concejo en campo de batalla por ocupar espacios de poder es tan malo como que el alcalde se inmiscuya en temas de política nacional, de manifiestas expresiones de simpatías o antipatías que comprometen a los cruceños, salvo que el alcalde esté en franca carrera electoralista presidencial, que no es el caso de nuestra urbe.


No podemos ignorar que todos los escenarios son válidos cuando se quiere hacer promoción política. Sabemos que sugiriendo mesura no vamos a lograr ser escuchados por quienes tienen miras ambiciosas muy altas. Pero pedir por lo menos que en el Concejo exista un comportamiento sano, positivo, incontaminado de demagogia, es algo que, además de ser una obligación, puede que provoque alguna reflexión entre los protagonistas de estas jornadas. 

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