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Construir unidad para destrancar el futuro

Miércoles, 06 de mayo de 2026 a las 04:00

Por Redacción

Por José Luis Lupo Flores, Ministro de la Presidencia

La semana pasada, el presidente Rodrigo Paz, junto al Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y al Ministro de Desregulación y Transformación del Estado de Argentina, Federico Sturzenegger, anunció una herramienta que, en apariencia, es simple: “Reporta Tu Tranca”. Una plataforma para que los ciudadanos denuncien trabas y obstáculos en sus trámites.

Este esfuerzo, que se enmarca en la reinstitucionalización del país y la transformación del Estado y que aporta las mejores prácticas y experiencias, ha sido clave para avanzar en nuestra misión de simplificar, digitalizar y eliminar la burocracia innecesaria.

Pero, lo que está en juego es mucho más profundo que una herramienta digital.

Durante años, los bolivianos convivieron con una certeza incómoda: el Estado no estaba de su lado. Un Estado omnipotente, muchas veces arbitrario, que no escuchaba y que, en demasiadas ocasiones, terminaba aplastando al ciudadano en lo cotidiano. Desde un trámite menor hasta la posibilidad de abrir una empresa o generar empleo.

La escena es conocida: oficinas públicas donde el maltrato se naturaliza, expedientes que duermen sin explicación, permisos que nunca llegan, coimas que aparecen como atajo. No es solo burocracia. Es una forma de ejercer el poder.

Esa cultura política (la de un Estado que se siente dueño de lo público y exige pleitesía) es la que hoy empieza a ser desafiada. Y eso, en nuestro país, no es un dato menor.

Simplificar, digitalizar, eliminar trámites innecesarios: todo eso forma parte de un proceso de modernización. Pero reducirlo a una cuestión técnica sería un error. Lo que está en discusión es otra cosa: quién está al servicio de quién.

“Reporta Tu Tranca” no solo busca identificar problemas. Busca invertir una lógica. Que el ciudadano tenga herramientas. Que pueda señalar abusos. Que deje de ser rehén de un sistema opaco y corrupto.

Es, en definitiva, un intento de reconstruir un vínculo. Como bien dice el ministro Sturzenegger, “la desregulación es liberar a la gente de trabas para que crezca y emprenda”. Es quitarle al Estado y devolverle a la gente; es acabar con el ciudadano al servicio del Estado y poner al Estado a servir al ciudadano.

Porque el problema no es solo la ineficiencia del Estado. Es la ruptura de confianza. Y esa ruptura no se resuelve con discursos, sino con mecanismos concretos que devuelvan poder al ciudadano.

Ahora bien, las “trancas” que padecemos en Bolivia no terminan en la burocracia.

También están en las calles. En los bloqueos permanentes, en los paros, en una dinámica de conflicto que muchas veces paraliza al país. Es cierto: hay reclamos legítimos. Hay sectores que expresan preocupaciones reales. Pero también hay otros que, deliberadamente y para preservar sus privilegios, buscan que nada cambie.

En definitiva, uno de nuestros retos más grandes es también derribar las trancas culturales y mentales a las que hemos estado acostumbrado durante años.

Y ahí aparece otro desafío: el político.

Salir de esta lógica implica algo más que gestionar mejor. Implica construir acuerdos. Implica asumir que, ante los desafíos que enfrenta el país, la responsabilidad de la dirigencia es mayor. Implica que nosotros pongamos de nuestra parte como gobierno, así como debe hacerlo toda la dirigencia política que quiere un país diferente al que nos dejaron.

Ese es el mandato que nos han dado la inmensa mayoría de los bolivianos en las elecciones del año pasado.

El presidente Rodrigo Paz ha convocado a ese camino. A generar consensos, a construir una nueva etapa. Pero los acuerdos no se declaman: se trabajan. Y requieren que todas las fuerzas democráticas entiendan la magnitud del desafío y del momento.

Hoy hay leyes clave en discusión: hidrocarburos, minería, inversiones, entre otras. También debemos encarar las reformas a la Constitución y a la Justicia. No son tecnicismos. Son las bases de un modelo de desarrollo posible y sostenible.

La pregunta ahora es si el sistema político va a estar a la altura.

Porque el riesgo es claro: perder una oportunidad histórica. Después de más de dos décadas, Bolivia tiene la posibilidad de redefinir su rumbo. De construir un Estado distinto. De dejar atrás una lógica de estancamiento y sentar las bases para un país de oportunidades y crecimiento para la gente.

Depende de las decisiones que tomemos. Depende de la voluntad política. Depende de que finalmente consolidemos la unidad que necesitamos para construir el futuro y dejar, de una vez y para siempre, el pasado atrás.

Esa unidad tiene que ver con los actores políticos con representación parlamentaria, por supuesto, porque la gobernabilidad se construye con el Legislativo; pero, también con las recientemente posesionadas autoridades subnacionales, que nos han mostrado que no existe un solo partido que controla el país, pero sí intereses comunes que nos deben congregar: el 50/50 es una promesa que depende de las articulaciones con esos nuevos protagonistas de la escena nacional.

Pero no son solo ellos: todas las fuerzas vivas, organizaciones y movimientos sociales, instituciones y gremios tienen que aportar en este nuevo momento de transformación para dejar atrás el pasado de estancamiento, aislamiento y corrupción que hemos heredado.

No es solo queja y retórica. Realmente Bolivia tiene en este momento las mejores condiciones para impulsar una nueva etapa de desarrollo, pero no es solo un Gobierno el que la puede materializar, sino un país entero que tenga la capacidad de no caer en las mismas “trancas” de siempre. Requiere de todos nosotros haciendo un esfuerzo y poniendo la mejor versión de nosotros mismos.

Lo que hagamos en los próximos meses se leerá en las próximas décadas, es hora de devolver a la gente la confianza que nos ha dado con su voto y construir una oportunidad real de reencontrarnos y progresar.

Destrancar el futuro no es una consigna. Es una obligación.

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