12 de marzo de 2022, 4:00 AM
12 de marzo de 2022, 4:00 AM

Contrabandistas armados asaltaron a militares que custodiaban un camión incautado, con más habilitad que los propios uniformados lograron desarmarlos, recuperaron el vehículo de alto tonelaje y se lo llevaron. Y no ocurrió en una carretera, sino en las proximidades de la avenida Beni y el octavo anillo de Santa Cruz de la Sierra.

Las primeras investigaciones señalan que fueron cinco las personas que protagonizaron el asalto de recuperación del vehículo que había sido incautado por funcionarios de la Aduana Nacional.

La operación se desarrolló desde dos vehículos que interceptaron al camión decomisado, y ahora la Aduana Nacional ha presentado una denuncia ante la Fiscalía Departamental de Santa Cruz para que se investigue el caso. La única persona identificada es el conductor del camión, quien escapó junto a los que hicieron la operación de rescate del motorizado.

El camión primero incautado y luego recuperado por los contrabandistas transportaba cerveza y vino que ingresó ilegalmente de Argentina.

En las últimas semanas se logró incautar 15 camiones cargados con cerveza, maíz, soya, prendería y herbicidas que ingresaron al país por la vía del contrabando, pero en ninguno de esos casos se había producido una operación de rescate como la que ahora se lamenta.

El contrabando y el narcotráfico son las dos actividades ilegales no solo más lucrativas sino con mayor permisividad que operan en este tiempo en el país. Los mercados de todas las ciudades bolivianas están inundados de productos de consumo que ingresaron de contrabando, sin pagar impuestos, de manera clandestina.

No se trata de pequeñas cantidades de productos que entran en saquillos o maletas, sino de miles de toneladas de bebidas gaseosas, bebidas alcohólicas, productos de limpieza, alimentos, envasados y hasta medicamentos que cruzan las fronteras en camiones de alto tonelaje. No es “contrabando hormiga”, sino de grandes proporciones.

En el caso del contrabando de vehículos, es muy conocido el hecho de que las redes de contrabandistas operan con armas de última generación, de calidad incluso superior a las que emplean las fuerzas del orden, y que controlan las rutas del altiplano como si fuera un territorio libre de autoridades donde los que mandan son ellos, los delincuentes.

En aquellas regiones del país los contrabandistas están organizados prácticamente como una fuerza armada irregular que se comunica de manera digital por teléfonos satelitales y cuenta con la complicidad y la activa defensa de varias poblaciones ubicadas entre las fronteras y las grandes ciudades.

Entre enero y febrero de este año, la Aduana Nacional decomisó más de Bs 82 millones en más de 1.200 operativos a nivel nacional. Los puestos de control en las carreteras subieron de 19 a 26 y eso contribuyó a tener mayor efectividad.

Si bien esa es una buena noticia, también es un indicador del alto nivel de contrabando que opera en el país, porque si se decomisó más de Bs 82 millones, el daño económico de los productos que burlaron el control o pasaron en complicidad de estos es muy superior al de la cifra incautada.

El país sufre millonarias pérdidas por el contrabando no solamente por los impuestos que esos productos dejan de pagar, sino también por el enorme perjuicio a la industria nacional que deja de vender y producir porque los productos de contrabando se venden a precios inferiores. En ese círculo vicioso influye la política monetaria del Gobierno, que mantiene al boliviano sobrevalorado, en comparación con las economías de los países vecinos.

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