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EDITORIAL

Coronavirus, los pasos siguientes

Editorial El Deber 15/3/2020 03:00

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Instalado como está en el país el coronavirus, y una vez superada la etapa inicial del asombro, la incertidumbre y el miedo ante un enemigo hasta hoy desconocido, Bolivia tiene ahora que aprender a convivir con el mal adoptando en su rutina diaria nuevos hábitos y rutinas de vida tomando como referencia, lo hemos dicho reiteradamente en este espacio, una conducta responsable y serena frente a una enfermedad que se puede frenar si todos comprendemos la naturaleza del problema y actuamos en consecuencia siguiendo las recomendaciones de autoridades y especialistas.

Hasta anoche se conocía oficialmente de la existencia de 10 casos confirmados de coronavirus en el país. La política de información respecto a la evolución del número de infectados, así como de las acciones gubernamentales al respecto ha de ser transparente en todo momento: esa es la manera de dar mayor confianza a la población.

En un problema sensible como es la salud –y la vida– de los bolivianos no cabe ningún tipo de cálculos políticos que pudieran condicionar la entrega de información oportuna y completa a la población.
Hasta ahora, el Gobierno ha actuado e informado oportunamente, pero le faltó firmeza y ejercicio de autoridad para hacer cumplir la ley y garantizar el acceso de los enfermos a los centros de salud, como tiene que ser, venciendo por la vía del diálogo y si hace falta con el uso de la fuerza la incomprensible resistencia de algunos vecinos y, peor aún, de trabajadores en salud como ocurrió el día del traslado de la paciente de San Carlos a Santa Cruz de la Sierra.
En la cruzada contra el virus el actor central para contener todo lo posible la expansión del Covid-19 ahora que el país entró en la etapa del contagio interno es el ciudadano: se debe atender todas las precauciones ya por todos conocidas y a ellas sumar algunas nuevas en las que el país está ingresando paulatinamente.
Hasta ahora está prohibida la realización de eventos de cualquier naturaleza en número superior a las 1.000 personas, pero eso no significa que propietarios y trabajadores de espacios públicos menores no tomen recaudos para evitar la excesiva concentración de personas en espacios reducidos. Está prohibido descuidarse.

Los siete contagios producidos con la persona enferma de Oruro es la prueba de la velocidad con que el mal se expande.
Tomando la experiencia de países europeos y asiáticos golpeados por el virus, Bolivia está aún a tiempo de reaccionar ejecutando un urgente hábito de aislamiento físico: que las personas se queden en sus casas, que eviten lo más posible salir, circular, congregarse.

Aislarse físicamente no implica un aislamiento social. Hay formas de compartir desde el encierro. Los bolivianos podemos aprovechar esa soledad temida y tediosa para, por ejemplo, matar la ignorancia, informarnos correctamente, leer libros o artículos científicos. Podemos demostrar que el WhatsApp –a veces tan peligroso porque igual nos trae una información educativa que una fake news– no es nuestra única fuente de información.

En ese sentido, los ciudadanos deben seleccionar cuidadosamente los contenidos informativos sobre el coronavirus: para evitar el trabajo de discernir lo verdadero de lo falso, es mejor aferrarnos únicamente a la información oficial y a la que brindan medios de comunicación con alta credibilidad.

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