Opinión

Corpus Christi

El Deber 31/5/2018 04:00

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Es increíble todo lo que se puede encontrar detrás de los detalles cuando se les presta atención. Durante años escuché que Potosí era la única ciudad con autorización para sacar en andas el Santísimo Sacramento del Altar, pero nunca se me ocurrió pensar qué significaba eso. Me enteré recién, cuando comencé a indagar sobre la celebración de Corpus Christi en la ciudad del Cerro Rico.

Por una parte confirmé la versión popular: durante el tiempo en el que el Derecho Canónico era aplicado a rajatabla, estaba prohibido sacar de los templos al sacramento, la hostia consagrada. Se guarda en los sagrarios o tabernáculos, en los altares de los templos y solo se puede sacar en custodios u ostensorios; piezas metálicas labradas para tal fin. 

Aún hoy, solo tres ciudades tienen autorización del Vaticano para sacar la hostia; es decir, el sacramento del altar en procesión: Potosí, Sevilla y Ciudad de México. Roma también lo hace pero por derecho propio. Pero lo que más me llamó la atención fue que Potosí tuvo una primera gran procesión de Corpus Christi en 1555, apenas nueve años después de que empezó a poblarse. Según la crónica de Bartolomé Arzans, fue una espectacular en la que los vecinos de la ciudad lucieron sus riquezas. El detalle es que, según el relato, en esa primera gran manifestación religiosa participaron indios a quienes el cronista les reconoce carácter de nobles.

Ese fue el indicio que alertó sobre la existencia de indios con gran poder económico en el Potosí colonial. La historiadora Ximena Medinacelli encontró, por ejemplo, a un nieto de Huayna Cápac: “Carlos Inca, que figura como ‘dueño’ de yanaconas huayradores en el padrón elaborado de 1575”. Ese solo dato cambia mucho de lo que se cree respecto a los primeros años de la Villa Imperial, los anteriores a las reformas de Toledo.
Y es esta procesión la que revela, también, que, además del Santísimo Sacramento del Altar, los primeros patronos de Potosí fueron el apóstol Santiago y la Virgen de la Concepción.

El dato no parece ser casual, ya que Santiago es una de las advocaciones católicas más aceptadas por los pueblos andinos, al igual que el culto a la madre de Dios. Así, partiendo de un hecho histórico, es posible desgranar todo un fenómeno religioso que surgió en Lieja en el siglo XIII, pero que adquirió características propias en América: la festividad de Corpus Christi.