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OPINIÓN

Corrupción + falta de Competitividad = Pobreza

Antonio Rocha 29/7/2020 03:00

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Las ecuaciones exactas de las matemáticas, física y química reflejan una igualdad inequívoca, dada su naturaleza cuantificable y comprobable. Hay también otras ecuaciones lógicas en las ciencias sociales como la economía que, por la naturaleza de sus variables, pueden no ser necesariamente exactas, pero sin duda reflejan una igualdad constatable, tal el caso de la ecuación que plantea el rotulo del presente artículo.

Iniciaremos por analizar el peor de nuestros males en los países menos desarrollados, en especial de América Latina y el Caribe, donde la corrupción y falta de transparencia en los sucesivos gobiernos en las primeras dos décadas de este Siglo XXI han llevado a cerca de una decena de expresidentes a la cárcel, a ser proscritos de la justicia en sus países y a uno de ellos al mismo suicidio. La corrupción ha calado tan hondo en las esferas de la economía y el poder político que la maraña termina envolviendo a medianas y grandes empresas cuya sobrevivencia termina dependiendo de su capacidad de saciar la angurria de quienes administran los recursos del pueblo al que representan.

El último informe de Transparency International sobre el Índice de Percepción de Corrupción del 2019, diez países latinoamericanos nos encontramos ranqueados como los países más corruptos del mundo con un puntaje por debajo de 31 puntos sobre 100, junto con Venezuela, Haití, Nicaragua, Honduras, República Dominicana, Guatemala, México y otros. En el caso particular de Bolivia nuestro ranking corresponde al país 123 de 198 países evaluados y nuestro puntaje corresponde a 31 puntos sobre 100 posibles.
El Índice de Percepción de Corrupción (CPI por sus siglas en Ingles) corresponde a la evaluación de los informes de 13 prestigiosas entidades globales que miden el riesgo país, la transparencia institucional, la calidad de la democracia, las finanzas, además de la fortaleza institucional publica, el desempeño del sistema judicial, la defensa publica y defensa del Estado, entre otros. 

Producto de un sistema corrupto se genera un alto nivel de informalidad, mucha evasión fiscal, contrabando, desempleo, insalubridad y además un elevado nivel de analfabetismo funcional, todo esto confluye en un coctel de deficiencias económicas o deseconomías de escala que en definitiva se traducen en una falta de competitividad del país que le impide el crecimiento sostenido de su economía y falta de capacidad de inserción en los mercados internacionales.

Por otra parte el último informe del World Econonomic Forum (WEF) coloca a Bolivia en la posición No 107 de 141 países evaluados cayendo dos posiciones respecto a la evaluación del año 2018 donde habíamos ocupado el puesto 105 de 140 países evaluados. Nuestra ponderación de 12 variables evaluadas sobre el nivel de competitividad de la economía fue de 52 puntos sobre 100 posibles, la puntuación más alta de 74/100 fue en la variable de estabilidad macro económica dada el bajo nivel de inflación, la estabilidad del tipo de cambio, el nivel de reservas internacionales y el aceptable nivel de endeudamiento. 

En contrapartida las variables con menor calificación fueron la debilidad institucional, la inseguridad jurídica, el irrespeto a los derechos de propiedad, la falta de transparencia, siendo nuestra calificación global en esta variable de 38/100. Otra variable importante con menor calificación corresponde a la ausencia de infraestructura de transporte y comunicaciones relativa a carreteras, puertos y aeropuertos donde puntuamos 34/100, finalmente la variable con menor calificación fue la capacidad de innovación de la economía que analiza la diversificación económica y la capacidad de investigación y desarrollo, donde obtuvimos un puntaje de 28/100.

Analizados estos informes corroboramos la cuasi exactitud de la igualdad en la ecuación que nos planteamos, y es que parece innegable que la corrupción y la ineficiencia nos seguirán condenando a vivir en la pobreza, lo cual se demuestra en nuestro nivel de ingreso per cápita de 3.600 dólares por habitante/año en el 2019, lo que nos sitúa como el segundo país más pobre de Sudamérica después de Venezuela y el quinto país más pobre de América Latina y Caribe después de Haití, Honduras y Nicaragua. Esto también corrobora la sentencia que lo más pobres somos los más corruptos e ineficientes.

La ausencia de ética y transparencia en el Estado y en muchas organizaciones privadas fomenta la corrupción, enriquece a las elites políticas corruptas y empresas con buenas conexiones, pero es aún más criminal con los bolivianos más pobres a quienes les condena a vivir en la pobreza, enfermos y en el ostracismo de su analfabetismo funcional.