Opinión

Covid-19, la guerra ya está en Bolivia

Editorial El Deber 24/3/2020 03:00

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“De aquí en más, esto será exponencial”, dijo el gobernador de Santa Cruz durante la conferencia matutina de ayer, afirmando que ya se ha pasado a la fase de contagio local y comunitario. Y es que en este departamento se ha duplicado el número de pacientes con coronavirus en apenas el fin de semana. Eso lleva a una dimensión altamente inquietante, que tiene que ver con la infraestructura sanitaria con la que contamos.

Aunque debería ser lo obvio en una circunstancia como esta, hay que celebrar que por fin haya un grado mínimo de coordinación entre las autoridades nacionales, departamentales y locales del departamento. De esa manera, se sabe que se están habilitando hospitales que se convertirán en centros de referencia para la atención de pacientes con Covid-19. El gobernador afirmó que se dispondrá de 500 camas adicionales para resguardar a estos enfermos. ¿Será suficiente?

En este momento se cuenta con 213 unidades de terapia intensiva en Santa Cruz, incluyendo las del servicio público, privado y de la seguridad social, 25 de estas están a disposición de lo que se requiera para atender la pandemia y 12 se habilitarán en Montero. También se espera que el Estado nacional adquiera este equipamiento y que se distribuya según sea la necesidad poblacional y de localización de la pandemia. Hay que hacerlo cuanto antes, porque si la progresión del contagio es exponencial, es probable que más pronto que tarde se requiera de estos servicios y que las adquisiciones terminen siendo pocas frente a la demanda.

El coronavirus ha llegado tarde a Bolivia. Parecen pesadillas las informaciones que hablan de pacientes a los que se deja morir en Italia porque no hay respiradores suficientes para brindarles atención. Eso puede pasar en nuestro país y aunque nadie lo desea, tenemos que hacer el máximo esfuerzo para evitarlo, para que los casos que se presenten sean atendidos con prontitud y de la mejor manera posible. Hasta puede parecer una utopía porque estamos relacionando a nuestra nación (marcada por la precariedad en el sistema sanitario, debido al descuido del anterior gobierno) con otras que son del primer mundo. La tarea es titánica y los gobiernos nacional, departamentales y locales no deben escatimar ningún esfuerzo.

En esta misión también está convocado el sector privado. Hay que saludar los esfuerzos por brindar espacios adecuados, como el de la Fexpo para habilitar un campamento sanitario o la sede de Blooming para lo que haga falta. Los ingenios azucareros deberán proveer cuanto alcohol sea necesario, a bajo precio y de fácil acceso para la sanitización de los hogares. Hay que aplaudir la iniciativa de jóvenes visionarios que se unieron para fabricar respiradores mecánicos sobre la base de modelos ya hechos en España. En tiempos de crisis hay que dejar fluir la creatividad y la solidaridad, de manera que se plasme la lucha mancomunada contra este enemigo silencioso de toda la humanidad.

La empresa privada debe estar firme con recursos económicos, con recursos humanos, con conocimiento y con productos que sean de auxilio. La guerra llegó al país y hay que enfrentarla con todo lo que este país tiene.

Asimismo, es condenable que aún haya poblaciones que se resisten a la cuarentena, como Yapacaní, San Julián, Cuatro Cañadas o Chapare hasta el domingo. Según el informe brindado por el ministro de Gobierno, hubo 1.657 arrestados y 706 vehículos retenidos en las primeras horas de la cuarentena. A esas personas debe caerles todo el peso de la ley, porque están atentando contra la salud de un país.

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