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29 de octubre de 2017, 4:00 AM
29 de octubre de 2017, 4:00 AM
Cuando los bolivianos nos hallábamos a punto de vomitar ante la evidencia de tantos casos de corrupción, como el desfalco del Banco Unión, el despilfarro del Programa Evo Cumple, Fondo Indígena y del Ministerio de Defensa, Dios se apiadó de nosotros y nos hizo ver la milagrosa aparición de conciencias honradas que se aproximan a la beatitud, o sea, a la santidad. En el último número del boletín  de la Confederación Nacional de Sacristanes apareció la increíble primicia periodística: “Aumenta el número de almas selectas en camino a la beatificación”.

Mi corresponsal ante el Palacio Real de la plaza Murillo me hizo conocer la maravillosa noticia de que se efectúan los trámites ante la comisión del Vaticano para beatificar por lo menos a 50 nuevos santos nacidos en Bolivia y que en los últimos 11 años habían ocupado cargos de responsabilidad tanto en el poder ejecutivo como legislativo y judicial; estando como candidatos en esa pléyade de almas benditas también algunos funcionarios de la banca estatal, y en especial del Banco Unión. 

Esta noticia bienaventurada nos colmó de esperanza el saber que antiguos conocidos nuestros pasarían pronto a los altares de templos y catedrales después de haber transitado por tortuosos caminos de corrupción político administrativo. Todo esto se transformó en un magnánimo sentimiento que nos enseña que Bolivia no está perdida y podría salvarse dentro de cien años por los milagros de los nuevos santos bolivianos. 

Es de esperar que el presidente vitalicio viaje pronto al Vaticano para entrevistarse con el papa Francisco, pidiéndole que acelere la beatificación de nuestros apóstoles bolivianos que hoy van camino a los altares después de haber hecho buenos negocios en su vida terrenal, sobre todo en épocas de elecciones.

Con ese convencimiento mi comadre Macacha y yo nos encontramos en la Catedral de Nuestra Señora de La Paz, la cual no podrá llamarse nunca Catedral de Chuquiago Marca, aunque nuestro presidente siga jugando a ser una especie de ídolo chiquito y perecedero, que combina muy bien el fútbol con su política en favor de los cocaleros del Chapare. Nuevos santos bolivianos protegednos de la soberbia que nos inclina a creernos eternos.  
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