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Credibilidad de las redes sociales

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Días atrás, un colega publicó en su estado de WhatsApp una imagen de Kate del Castillo, mediante la cual esta actriz se expresaba en forma despectiva sobre nuestro país, relacionándolo con el negocio ilícito. Inmediatamente le escribí: “No creo que la mexicana haya dicho eso”; él me respondió: “Eso dicen que dijo”. Entré a buscar la noticia en portales confiables. Evidentemente era falso. Tomé una captura de pantalla y se la envié. Supuse que se había puesto rojo como un tomate por el gif que me remitió.

Amigos míos habían decidido festejar el cumpleaños de uno de ellos en un viaje familiar a Samaipata. Hicieron las consultas en Facebook sobre la oferta de cabañas y eligieron una de ellas. Cuando llegaron a destino, ciertamente dieron con la dirección de la cabaña reservada. Sin embargo, a los minutos llegó otra familia, luego otra y otra. Seis familias fueron engañadas. La cabaña era de uso particular; alguien se hizo pasar por dueño y estafó.

Hace unos días, me llegó un mensaje al WhatsApp, que decía: “¡Hola! ¿Cómo estás? ¿Sabes quién soy?”. No tenía ni idea del emisario y le respondí: “No sé”. “Soy tu primo que vive en el exterior”, me escribió en un nuevo mensaje. Ahí me di cuenta que algún vivillo quería hacerse pasar como primo mío, muy probablemente para sacarme dinero.

Antiguamente, antes que el Internet y las redes sociales aparecieran, había una aceptación generalizada por todo lo que se decía en la televisión. Lo explica la famosa teoría de la Aguja Hipodérmica; Harold Lasswell plantea que los medios de comunicación, al igual que cualquier emisor, son quienes generan un estímulo, el cual será recibido por el receptor, quien dará una respuesta. Esta teoría define a la audiencia como simples receptores y asume que el individuo está aislado y automatizado dentro de la masa, aislamiento que evita que el individuo genere una nueva opinión a partir de un mensaje recibido.

En otras palabras, las masas, todos quienes estamos inmersos día a día en esa vorágine de información que se genera en las redes sociales, aceptamos los mensajes que nos llegan, no los procesamos, no nos preguntamos: ¿será cierto?, ¿alguien querrá influir en mi pensamiento o conducta? Simplemente lo damos como indiscutible y verdadero.

No todo lo que nos llega por redes sociales es irrefutable. Es importante, verificar fuentes; antes de realizar pagos o transferencias, pedir referencias y confirmarlas. Es tan fácil que nos engañen a través de las redes sociales, que podemos caer en sus trampas. Leamos, analicemos y verifiquemos. Las redes sociales son un instrumento valioso, pero peligroso.

 

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