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Patricia Mogro Rodríguez tiene 37 años y una historia de vida con la que, sin duda, muchas otras personas, y no apenas mujeres, pueden sentirse identificadas. Madre de cuatro hijos (Silvina, de 20 años; Alonso, de 16; Juan Carlos, de 10; y Valentina, de 3), a los que cuida y sostiene junto a su compañero de vida, Marco Antonio, venciendo mil y una batallas, está librando en este momento una de las más difíciles que le ha tocado ya enfrentar: la de seguir viva, presente y vital para ella misma y para cada uno de sus seres más queridos.

Patricia padece del corazón desde hace ya un buen tiempo, pero pese al esfuerzo hecho, en la medida de sus posibilidades, para cuidar su salud y evitar complicaciones, no pudo zafarse de estas y enfrenta hoy un cuadro muy grave del que solo puede librarse (o tratar de librarse, para ser más clara) sometiéndose a una triple cirugía, de manera simultánea y a corazón abierto. Una, para corregir o reparar un aneurisma aórtico que amenaza con romperse en cualquier momento, provocando un sangrado fatal; otra, para reparar la válvula mitral; y una más, para reparar también la válvula aórtica.

Estamos hablando de una triple cirugía mayor que demanda un equipo profesional y una logística muy especializada, no siempre disponibles en los centros de salud públicos. Y para acceder a la misma de manera particular, en un establecimiento de salud privado, Patricia tendría que tener listingos al menos unos sesenta mil dólares para cubrir todos los gastos previos y posteriores a la cirugía, además de los que demanda la cirugía. Por supuesto que ella no los tiene y demás está abundar en los detalles. La situación económica de la familia es precaria, y ni siquiera con la ayuda de todos sus vecinos del barrio Los Mangales, de Montero, podrían cubrir semejante suma.

Pero Patricia quiere vivir y así se lo ha hecho saber a la Fundación del Corazón que, como lo viene haciendo hace ya tiempo, no dudó un segundo en escuchar ese grito por la vida y se ha puesto en campaña no apenas para recaudar fondos, sino para lograr reducir todo lo que pueda el costo de la cirugía.

Haciendo números y teniendo de su parte a un ejército de médicos especializados que apoyan con su voluntariado a Fundacor, esta ha logrado bajar ese presupuesto estimado inicialmente en más de sesenta mil dólares a unos quince mil dólares. Es decir, alrededor de cien mil bolivianos. Una diferencia abismal, sin duda, pero una cifra que, inevitablemente, demanda sumar más apoyo y aportes voluntarios.

Por supuesto que me he sumado con todo a la campaña, con un aporte que sigue siendo insuficiente, pero también a través de la difusión, por todos los canales posibles, de esta cruzada por la vida de Patricia. Vale la pena, ¡cómo no! Por eso no puedo desaprovechar este espacio privilegiado que tengo cada domingo en las ediciones de EL DEBER, para alentar a todos los que lean estas letras a sumar su apoyo. Les paso las coordenadas para que puedan hacerlo, depositando la suma de dinero que puedan dar, a la cuenta que Patricia Mogro Rodríguez, con carné de identidad 9855943, tiene en el Banco Ganadero: caja de ahorro en bolivianos, número 1310489757.

Ojalá no sea necesario que tengan que escuchar de la propia voz de Patricia su grito por la vida, su voz desesperada clamando por una oportunidad más para seguir junto a los suyos. Ojalá basten estas líneas... al menos, por ahora. Al menos ahora, por Patricia, una vida que se multiplica por cinco, si solo consideramos a sus cuatro hijos y a su esposo, pero que son más sin ampliamos ese círculo familiar amoroso a la casa paterna que hoy la acoge otra vez, dada la emergencia. Me voy pensando en tantas Patricias que, seguro, andan por ahí lanzando gritos de auxilio que también necesitan ser oídos.

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