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30 de noviembre de 2017, 4:00 AM
30 de noviembre de 2017, 4:00 AM

Este Gobierno acaba de ejecutar la mayor de sus indecencias. Ha hecho el mayor desfalco ‘democrático’ al negar el resultado de un referéndum que él mismo propició (en su arrogante seguridad de ganarlo y que perdió con ignominia) y ha expuesto el esplendor de su vileza ultrajando la decisión soberana del boliviano que declaró no querer a Evo como presidente. 

La ira de muchos será previsible. Esta deshonra que hoy nos hace el MAS la está haciendo a toda Bolivia, pues no hay que olvidar que el rechazo a su codicia de poder cundió virtualmente en todo el territorio boliviano. Ese sentimiento oriental de los inicios de este régimen, ahora vuelto de facto, hoy es compartido por la mayor parte del occidente y de los valles. Si hay que alzarse ‘en voces’ y en palabras, ‘ahora es cuándo’. No mezquinemos adjetivos. 

Son indignos y hoy se han ganado nuestro irrespeto total. A esta última indecencia le había precedido la de plantear un recurso abstracto de inconstitucionalidad basado en leyes internacionales. Un poco antes, la indecencia pasó por explicar que la culpa del No del referendo la tuvo la injerencia de un hijo falso de Evo en simultáneo a la indecencia de distorsionar ese mismo hecho, pues su paternidad nos importaba un bledo, pero no una relación sexual de la cual sacaron provecho del Estado, sin mencionar la indecencia de habernos sometido a una caja de resonancia a punta de propaganda por el Sí dominando todos los medios y como si ello no incidiera en la pobre conciencia de muchos. 
En indecencia previa, apelaron a sus 2/3 del Congreso para forzar una re-reelección a través del afamado referendo: y así una cola vasta de indecencias previas, aunque probablemente menores a la consumada por el TCP.  

Por eso quitémosles la palabra no escuchando más sus mentiras o abucheando sus discursos. Vayan donde vayan, apuntémoslos como leprosos y sepamos que todos ellos están contaminados: no nos acerquemos, ya hemos visto que la indecencia sabe contagiar a los que menos imaginamos. 

En algún momento se darán cuenta de que son muy pocos, cada vez menos, y que el hedor de lo indecente los delata. Desde ahora tendrán una apariencia tan decrépita que ni el poder que sostienen logrará disimularla. Hemos sido pusilánimes o magnánimos hasta aquí. Nos hemos dejado embaucar una y otra vez. Por eso también será hora de cambiar nuestras apariencias y posturas, sin que nos importe el qué dirán, porque desde ahora, ¡finalmente!, no les quedan más razones ‘socialistas’, pues su despilfarro no solo ha sido económico, sino también ideológico. Veamos el futuro con esa seguridad: de que esta, la de hoy, ha sido la última de sus estafas. Se han agotado en sí mismos. No pueden tener más chance. Y lo bueno es que en todo el mundo se lo sabe. 

Solo concentrémonos en evitar la última indecencia que les queda y que expresó Evo, hace muy poco, cuando declaró que ganaría las elecciones con más del 70% solo posible con un fraude monumental, algo que, más que indecente, sería infame.

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