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11 de julio de 2017, 4:00 AM
11 de julio de 2017, 4:00 AM

Hace unos días falleció, en uno de los tantos accidentes que se registran en las provincias cruceñas, Sara Soqueré, esposa de Miguel Pereira Tereba, cuando salían de su comunidad La Conquista, fundada por ellos mismos en el territorio chiquitano de Monte Verde. Sara era una chiquitana que se enamoró de un canichana venido de tierras benianas a trabajar como vaquero en los tiempos del saneamiento de tierras en el municipio de San Javier, a fines de los 90. Miguel pasó de ser peón de estancia a líder de uno de los equipos indígenas más destacados que realizaron el control social al saneamiento de Monte Verde. La visibilidad de ese proceso y los resultados favorables empoderaron las organizaciones chiquitanas y convirtieron a sus líderes y seguidores, como Miguel, en personajes notorios en las comunidades. Sara conoció a Miguel y se enamoró no solo de él, sino de la lucha histórica que sus organizaciones protagonizaban.


En 2004 ligaron definitivamente sus vidas a Monte Verde cuando fundaron la comunidad La Conquista sobre un predio ilegal ‘conquistado’ por los chiquitanos, derrotando los intentos latifundistas de consolidarlo a través de fraudes documentales y sentencias prevaricadoras. La Conquista fue para ellos su lugar en el mundo: tuvieron cinco hermosos hijos y se transformaron en el ejemplo de tesón y esfuerzo por la consolidación efectiva del territorio. Durante años sufrieron carencias de todo tipo por la lejanía de la comunidad, a casi 100 km de Concepción y sin caminos o medios que los comunicaran; salían al pueblo muy de vez en cuando. Sus hermanos chiquitanos y nosotros sabíamos que mientras los Pereira se mantuvieran en La Conquista, la lucha por el territorio se mantendría incólume: eran los imprescindibles, esos porfiados que luchan toda la vida porque eso era lo que les demandaba la historia. 
Después de tantos sufrimientos, hace unos pocos años los cultivos empezaron a dar buenos frutos, el ganado empezó a venderse bien y la caza y la pesca nunca faltan en Monte Verde. La situación mejoró también por la llegada de hermanos de Lomerío y San Javier, que hicieron suya la pelea por reocupar el territorio que tanto sacrificio había costado titular. 

Sara fue llamada antes de tiempo a ser parte de otras luchas lejos de sus hijos, su legendario Miguel y el irrenunciable Monte Verde. La mujer que no se quebró ante la adversidad y que bregó por ese territorio tan suyo como el de los miles de chiquitanos que lo reivindican, nos deja el testimonio de su sacrificio y perseverancia. Deberá Miguel seguir junto con sus retoños y sus hermanos la senda abierta por su compañera de la vida, que lo espera en algún lugar del universo donde se volverán a encontrar. 

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