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Cuba, 60 años de aguante

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Escuchaba versiones contradictorias sobre Cuba, unas que decían que era un infierno y otras afirmaban que era un paraíso, por lo que decidí conocerla por mi propia vivencia. Me impresionó la deslumbrante figura y la enorme información y elocuencia de su líder, como la virtual adoración que le tenían los jóvenes.

Asimismo, la resiliencia colectiva de su gente para lograr significativos adelantos en los campos de la salud y la educación con base en la investigación científica y la inventiva, en condiciones tan precarias y vulnerables, que ratificaban la máxima de que ‘no hay como la inmensa necesidad y las carencias, para desarrollar la creatividad’.

Sin embargo, junto a tal asombro puedo resumir la situación de su pueblo literalmente en los sentimientos que me asistían esos días de mi primer conocimiento: culpa y vergüenza por comer lo que se ofrecía a las visitas oficiales y poder trasladarnos en los vehículos provistos; mientras en los centros de abastecimiento popular, que visité por solicitud expresa, lucían estantes vacíos o muy escasos para alcanzar los exiguos cupos alimenticios asignados a las familias, y el larguísimo tiempo de espera de varias horas en las paradas de los viejos colectivos, que debían hacer sus habitantes para transportarse incluso con sus niños o ancianos si no tenían el privilegio de contar con una bicicleta. ¡Culpa y vergüenza!

La respuesta reiterada a nuestra incomodidad hablaba ‘del bloqueo criminal’ de EEUU a la Isla. Aquello me motivó a buscar la forma de hacer algo para poner un granito de arena y ayudar en tan dramática situación. La única respuesta encontrada en los adláteres que estaban en Bolivia decía que la solución era plata y no cosas. Muy a pesar de que cuando quisimos dejar alguna compensación en dinero a la gente que nos atendió, nos dijeron que no lo querían porque no podrían comprar nada, sino que les regalemos papel higiénico, jabón, detergente, dentífrico o cosas como esas.

Desde entonces ha pasado mucha agua bajo el puente y, por cierto, muchas otras experiencias y opiniones de los propios simpatizantes del régimen cubano, señalando críticas severas sobre la diferencia entre el discurso oficial de igualdad, justicia y libertad, y los hechos que privilegian a una élite política y burocrática cada vez más insensible y cruel, contraria a tales objetivos revolucionarios.

Ante los hechos que transmiten las escasas noticias de lo que ocurre hoy en Cuba, sólo puedo preguntarme: ¿cómo ha podido aguantar 60 años ese heroico pueblo cubano?

Norah Soruco de Salvatierra es Exparlamentaria

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