Opinión

Cultura del desplante

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21 de marzo de 2017, 4:00 AM
21 de marzo de 2017, 4:00 AM

En medio de la actual campaña municipal para desalojar comerciantes ambulantes y luego trasladar mercados que estrangulan la circulación en la capital oriental, vemos con preocupación repetitivos actos de arrogancia y descaro por parte de quienes deberán moverse a otro lugar. No importa cuántas facilidades se les promete u otorga, igual siguen protestando, en lo que ya podemos denominar como una lamentable cultura del desplante. 

Los cruceños hemos probado con creces nuestra bolivianidad a lo largo de la historia. Contemporáneamente, se recibió con brazos abiertos a cientos de miles de migrantes del interior del país que llegaron acá en busca de mejores oportunidades. Muchos hicieron realidad su sueño, pues tuvieron éxito; ahora contribuyen con sus valiosos aportes al desarrollo regional y nacional. No faltan sí algunos intolerantes que no comprenden que donde uno va tiene que adaptarse, respetando usos y costumbres. Además, se deben obedecer pautas propias de cada lugar que son establecidas por las autoridades locales. Por citar solo dos ejemplos: ni a nuestros hermanos paceños ni cochabambinos les gustaría que miles de cruceños invadan sus calles creando dificultades de toda índole, encima resistiendo airadamente con marchas o bloqueos cualquier ordenamiento impuesto por los respectivos municipios. Lo más probable es que al primero intentando crear caos lo sancionen de inmediato, como debe ser. Y eso es lo que no se hizo acá. Un exceso de tolerante permisividad en el pasado creó en el presente una situación casi insostenible.

Dado que el problema de comerciantes ambulatorios y mercados anárquicos hace peligrar el propio futuro de Santa Cruz de la Sierra, esta vez la campaña edil de traslados parece que proseguirá incólume. Así lo desea la ciudadanía (propios y extraños), así lo requiere nuestra pujante urbe para seguir progresando. Este pedazo de patria no es tierra de nadie, es de todos y para todos; es nuestro deber contribuir para que sea un sitio ordenado, pulcro, limpio y en paz.

Los que se oponen a cualquier tipo de mejoramiento deben asumir su cuota de responsabilidad para con la ciudad y obedecer normas establecidas. Las dificultades iniciales, sean cuales sean, se subsanarán luego de un tiempo prudencial. Adonde se instalen en el futuro los comerciantes irán los compradores. La oferta creará naturalmente su propia demanda. Al final del proceso la comunidad entera saldrá gananciosa, comenzando con quienes hoy protestan mediante desplantes y acciones fuera de lugar 

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