Escucha esta nota aquí

Las diferencias de miradas, la búsqueda de la verdad, las operaciones del poder, forman parte de quienes escriben a diario la historia nuestra de cada día. No es de hoy ni terminará mañana. Las amenazas a la libertad de prensa o a la libertad de expresión son mecanismos oscurantistas de todos los tiempos. De las amenazas no hacemos caso omiso, las tomamos en cuenta como otro de los obstáculos que la profesión encuentra para realizar su ejercicio. Incluso hasta nos hacen revisar si es correcto lo que hacemos, por dónde estamos buscando, con ética, la mayor aproximación a la verdad de los hechos.

Hace unos días un periodista de este medio no solo fue amenazado desde el anonimato, sino hostigado a través de diferentes plataformas e instrumentos comunicacionales para dejar de hacer lo que tiene que hacer. Cobarde osadía a la que condenamos y denunciamos. Porque hay principios inajenables que exigen condiciones de trabajo y de formas de existir. Cuando se habla del sol, se piensa en luz, en calor y en día, cuando se habla de prensa, se asocia libertad y expresión. Intentar acallar esa voz bajo amenazas es ocultar o censurar a alguien que necesita expresarse por naturaleza y hacer oír su voz para los demás. El periodista es una herramienta de la democracia, y no el blanco. Rechazamos las conductas mafiosas dedicadas inútilmente a matar, o en este caso, a amedrentar al mensajero.

La investigación periodística no es tarea fácil en un país donde se cierran las fuentes, se niegan los archivos y las bases de datos se encriptan para evitar la pesquisa. También las fake news o falsas noticias juegan el rol de las viejas cortinas de humo que no hacen más que desviar la atención o equivocar una corriente de opinión con el objetivo de ocultar debajo de la alfombra lo que no conviene que se conozca.

Casi siempre las noticias resultan un equilibrio de poder, que muchas veces son un inconveniente para los delincuentes, los corruptos o los falsos profetas. La impunidad entonces juega un papel fundamental en las redes que enmascaran e impiden que salgan a la luz las partículas de la verdad. No se puede pensar la prensa sin la libertad y sin libertad no se puede pensar la prensa, decía sabiamente un eterno periodista colombiano.

Todo aquello que al tirar del hilo desnude algo de lo sucedido puede resultar tan peligroso como el delito mismo, incluso más.

Pero el acceso a la información, como derecho de las personas para conocer y transparentar el manejo de lo público, de lo de todos, muchas veces deja de ser una convención aprobada y legítima cuando el objeto oscuro del poder irrumpe en la democracia y la percude.

Por afuera resuenan los discursos de unidad, como un propósito colectivo que nos ayudará a salir de las crisis. La pandemia del covid-19 nos obliga a aunar esfuerzos para trabajar en conjunto tras un objetivo común. La vida está en juego todos los días por los mismos caminos del consenso.

En el mes de la patria, en el momento en que todos debemos estrechar lazos para salir adelante, no son prudentes las amenazas. Cuesta superar los revanchismos y los odios, aunque seamos conscientes de que esas grietas entre bolivianos y bolivianas no hacen más que debilitarnos.



Comentarios