Opinión

De ese poderoso a este “Catoblepas”

24 de noviembre de 2019, 4:53 AM
24 de noviembre de 2019, 4:53 AM

El “catoblepas” es un animal/hombre descrito y contado de muchas maneras: es una especie de mitología literaria que probablemente viene desde “el Cuaderno de notas” de Leonardo da Vinci, pasando por Flaubert, Philip Sydney, Borges y Mario Vargas Llosa; cada uno lo ha definido a su modo: cuerpo de vaca, cabeza de cerdo, espalda cubierta de escamas, etc. Juan Carlos Urenda escribió, hace ya unos años, el lúcido ensayo “El Estado Catoblepas” para definir a este país que se “traga” a sí mismo.

Evo se devora a sí mismo, dije en uno de mis programas, tras analizar el momento en el que vive el expresidente y mi amigo Oscar me dejó un mensaje: “Hay un animal fantástico citado por Vargas Llosa en su libro “Cartas a un novelista “. Se llama Catoblepas. Se devora a sí mismo empezando por los pies” y recordé que hace unos años escribí sobre el tema, para referirme a Evo Morales y creo que, tras la atención de Oscar, se hace necesario constatar que el proceso de fagocitación (se come a sí mismo) de Morales se acelera con rapidez o cada vez más y, a los hechos me remito.

Tras de su “escape diplomático” (dorado asilo mexicano), el huido expresidente, ha venido saltando de programa en programa de televisión dejando en evidencia su acelerado deterioro personal; cada vez son menos los periodistas que le regalan el trato que imponía su condición de “presidente indígena” y otras chabacanerías que le daban un “aura” de intocabilidad; ahora lo muestran tal y como, desde los programas que he dirigido y libros que escribí, traté de mostrar siempre: Morales es prepotente, ignorante y mentiroso, además de corrupto y abusivo, entre algunos de los adjetivos que se pueden usar para calificarlo.

Fernando del Rincón, Jorge Ramos y algún otro periodista cuyo nombre se escapa de mi memoria lo pusieron en su sitio antes de su salida del poder, cuando aún era poderoso, de manera que la caída de su imagen va más allá de haber salido del gobierno, aunque es consecuencia.

Y es que, peor que no ser presidente, es dejar la evidencia de haber orquestado el único fraude electoral comprobado en la democracia ininterrumpida, desde 1982; peor es que la gente sepa y se entere que Morales llamó a Almagro (que pudo haber evitado el estado de cosas que vivimos si siempre hubiera actuado como en su último informe en la OEA para tratar el caso de nuestro país) para que no se publique el informe del fraude. “No haga eso, con eso va a incendiar Bolivia”, le dijo Morales a un representante de Almagro la madrugada del domingo 10 de noviembre, demostrando nerviosismo porque él sabía que el informe sería el que pondría en evidencia el fraude del que ya se hablaba; pero en el fondo, Morales buscaba el silencio de la OEA, bajo la excusa de la violencia, cuando en realidad buscaba un salvoconducto para permanecer en el poder. Tal cual se ha mostrado en los últimos días: para Morales la paz será posible solo con él… que se ofreció para “pacificar”.

Los otros estados “catoblepas”, pasan por el programa de Carmen Aristegui, donde asumió ser “expresidente” y admitó que dirige la violencia en el país: me contacté con algunas bases e indicaron que no pararemos, (pararán) hasta acabar con el “golpe de estado”; esto último se amplificó con el audio/video en el que se lo escucha dando instrucciones a Faustino Yucra Yarwi, prófugo narcotraficante chapareño, lo que, entre otras cosas muestra su odio y violencia y desnuda su soledad, habida cuenta que las instrucciones las debe dar él en persona y, a quién se las da (mucho riesgo hablar con un narco prófugo).

Peor aun fue su participación en BBCMundo, cuando Gerardo Lissardy puso en evidencia su soledad y desesperación con preguntas que cualquier periodista haría en el momento actual; las preguntas que yo siempre quise hacer y no me fue posible; en la misma, además de mostrarse perdido, furioso y arrinconado, Morales dio muestra de su decadencia personal y demostró que mientras más salga a los medios, menos tendrá para decir… es un catoblepas que se está tragando a sí mismo, a diferencia del personaje de Mario Vargas Llosa, este no comienza por los pies… apuntó directamente a su cabeza y, como los pescados… por ahí comenzó a podrirse… lo del “lamento boliviano”, es probablemente solo una consecuencia de su perdición

Morales al fin se muestra como yo traté de que la gente lo vea durante su gobierno… más de 13 años… el verdadero personaje tardó en mostrarse, pero lo hizo.



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