Opinión

De la impostura al descaro

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19 de marzo de 2017, 4:00 AM
19 de marzo de 2017, 4:00 AM

Estoy llegando al convencimiento de que si hay un ‘proceso de cambio’ en Bolivia, este no puede ser otro que el visto en el comportamiento de la mayoría nacional y que se traduce en el salto de la impostura al descaro. Estamos pasando de aceptar y practicar el engaño, camuflado de verdad, a la complacencia y hasta entusiasmo frente a quienes ya no se ocupan de disfrazar sus imposturas, sino que van por ahí cometiendo faltas y delitos con absoluta desvergüenza, sin rubor ni respeto hacia quienes les rodean. Hablo no solo de lo que ocurre en la política partidaria, en la administración pública y en el juego de intereses empresariales privados que alientan a la corrupción, sino también de lo que está sucediendo en otros sectores de la sociedad, hasta hace poco reductos de la buena fe y del sentido común. En ambos bandos hay una notoria y acelerada pérdida de buenos valores, como el de la honradez, la honestidad, el respeto al prójimo, la buena voluntad para hacer valer las normas y leyes, además del de la coherencia.

Aunque a diario hay numerosos ejemplos de esas pérdidas en todos los ámbitos, continúa siendo más fácil señalar los que ofrecen los políticos y empresarios, los que se descubren en los partidos, los diferentes niveles de gobierno y en los gremios donde fluye el dinero por montones. Desde el bando del frente, surge de inmediato asombro e indignación. La queja es que pasa todo y no pasa nada, que falta castigo y sobra impunidad. Nadie vuelca 
la mirada hacia sí mismo para encontrar algunas razones de por qué tanto descalabro.

¿Miedo a descubrir que somos parte de la podredumbre de la que nos quejamos? Parece que sí, que eso es. Reflexiono con ustedes sobre esto, luego de ver la reacción ciudadana frente a la niña que murió de hambre en El Alto, ante la muerte violenta de un joven deportista a manos de una adolescente de 14 años y otros dos veinteañeros, y la vista también tras la denuncia de acoso sexual contra el hoy suspendido gerente general de BTV. Todos esos males suceden no solo al amparo ‘de los de arriba’, sino también ‘de los de abajo’. Digo con pesar que me ha tocado comprobar este extremo con un par de situaciones que he acompañado de cerca. Varias de ellas, callejeras: gente que condena esas muertes, pero que a diario es incapaz de compartir un pan con extraños o pagar salarios dignos a sus dependientes, y menos de denunciar un crimen si el criminal es un pariente, fraterno, colega o socio. Otras, en los círculos de amigos o en el trabajo, donde el acoso y hasta el abuso sexual es moneda corriente, pero callan para proteger al familiar, vecino o patrón. Esta contradicción también ha dejado de ser una impostura, para convertirse en un brutal descaro. Mientras no cortemos este círculo vicioso, de nada valdrá aumentar el patrullaje policial, cambiar leyes y aumentar penas 

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