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OPINIÓN

De niña a mujer

Maggy Talavera 8/3/2020 03:00

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Contrariando las estadísticas del INE que proyectaron para 2016 una población con más hombres que mujeres en Bolivia (50.4% versus 49.6%), mi entorno familiar está cada vez más poblado de niñas que de niños. En los últimos seis años, nueve de los 10 nacimientos celebrados en mi núcleo más íntimo fueron de niñas. Solo uno fue niño, Santiago. Bendito entre Regina, Carlita, María Victoria, Abril, Agustina, Bruna, Lucía, Valentina y, desde hace dos días, Irene. Todos celebrados por igual, por supuesto. Solo que pasado el momento de la euforia y al volver a la rutina diaria, nunca he logrado dejar de pensar qué futuro les deparará, sobre todo a cada una de ellas.

El más reciente informe de Unicef, Plan Internacional y ONU Mujeres puede ayudarnos a comprender mejor esta preocupación que, estoy casi segura, comparten muchos. Hecho público en vísperas del 64 periodo de sesiones de la Comisión Jurídica-Social de la Mujer, el informe señala que pese a que cada vez hay más niñas yendo a la escuela, el mundo no ha dejado de ser violento y con alto grado de discriminación para ellas. Una constatación dolorosa, sobre todo para quienes depositamos en la educación una buena dosis de esperanzas para que esa realidad cambie.

Definitivamente, no es suficiente. No bastan las cifras que señalan que en las últimas dos décadas, el número de niñas que no asisten a la escuela bajó en 79 millones. Ellas van a la escuela, pero el comportamiento y las actitudes hacia ellas no han cambiado de manera significativa. De acuerdo al estudio, esto se debe, entre otras razones, a que los gobiernos solo han cumplido parte de los compromisos asumidos tras la Declaración de Beijing, en 1995. Los gobiernos y el mundo, habrá que añadir. Los primeros, por no aprobar políticas y recursos suficientes para dar a las mujeres iguales condiciones de acceso no apenas a la educación escolar, sino también universitaria y de especialización, y brindarles efectiva protección y garantías de una vida libre de violencia. El resto, porque tampoco hace lo propio en otras esferas de la vida pública y privada.

Tal vez estas reflexiones ayuden también a explicar porqué continúan altos los niveles de violencia hacia las mujeres, con cada vez más violaciones y feminicidios. Solo pensando en lo que ocurre en Bolivia, 27 mujeres fueron muertas con violencia por sus parejas o exparejas en los dos primeros meses de 2020. Cada día, al menos 17 casos de violencia son denunciados solo en la capital cruceña. En 2019, las cifras oficiales registraron 116 feminicidios en todo el país. Son los casos denunciados, con cadáveres como prueba. Casi todos con las mismas características: antecedentes de agresión verbal y física (comienzan con un cabezazo, como el visto en un video que circuló hace unos días, pero que seguro no ha sido denunciado por la víctima).

Gran parte de la violencia no es registrada en las cifras oficiales. Son mujeres de todas las edades sometidas a chantaje y presión psicológica en sus hogares, en la misma escuela, en los lugares de trabajo. Eso es lo que no ha cambiado. Y no cambiará por arte de magia, ni con más leyes (miren que la 347 es durísima, pero no se cumple), ni con declaratorias especiales como la hecha por el gobierno este año, ni sumando niñas a las escuelas. Falta aun hacer mucho más esfuerzo para lograr “una nueva era para las niñas”, como plantea el informe ya mencionado y que ha sido publicado como parte de la campaña Generación Igualdad. Hay que pensar en tareas pequeñas, no solo grandes. Tareas que comienzan por casa, educando en igualdad a hijos e hijas, en todos los sentidos: no solo alfabetizándolos por igual, sino enseñándoles sus otros derechos, entre ellos los sexuales y reproductivos.

De boca, todos queremos una nueva era para nuestras Regina, Carla, Abril, María Victoria, Irene, Valentina, Lucía, Agustina, Bruna… la pregunta es, ¿qué estamos haciendo para que así sea, para asegurar no solo que vayan a la escuela, sino que de verdad vivan libres de la violencia en todas sus formas y vuelen tan alto como quieran?

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