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De ola en ola

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A mediados de enero, cuando llegué a Madrid, todo estaba cerrado. España estaba atravesando los rigores de la tercera ola de la pandemia de covid-19 y, para colmo, una nevada, la primera en por lo menos medio siglo, había logrado paralizar buena parte del país.

Se podía circular por las calles, pero solo hasta las 20:00. A esa hora, las fuerzas del orden -pues allá hay varias- te obligaban a volver a tu casa o arrestaban a los más rebeldes.

De pronto, los horarios comenzaron a flexibilizarse. El toque de queda se fijó una hora más tarde y luego otra y otra. La hora de cerrar las calles era las 23:00 y, aunque con aforos limitados y restricciones de atención en el interior de los locales, los establecimientos de comida y bebida comenzaron a normalizar la atención a sus clientes.

En la misma Madrid, aquello parecía una locura. La presidenta de la comunidad, Isabel Díaz Ayuso, desafiaba toda lógica al permitir el funcionamiento controlado de los establecimientos de hostelería con un argumento economicista: la economía debía reactivarse.
Para colmo de la incredulidad, las labores escolares se reanudaron y (lea usted) ¡sin clases virtuales! Niñas, niños, jóvenes y señoritas asistieron a sus aulas, con todas las medidas de seguridad, y de eso sí que poca gente se quejó. Para la mayoría, allá, nada reemplaza a las clases presenciales.

Pero en medio de protestas e incredulidad, la vacunación avanzaba y las cifras bajaban. Ya a mediados de marzo, Ayuso, que le había plantado cara al temible Pablo Iglesias, adelantando las elecciones para la comunidad, anunció que Madrid no tendría una cuarta ola y volvería a la normalidad en verano; es decir, en junio o, en el peor de los casos, en agosto. En aquellos días, yo no creí que “la Ayuso” iba a ganar como lo hizo ni tampoco que España podía superar tan pronto al coronavirus.

Pero ahí está: la mujer que se atrevió a superar los temores de la pandemia derrotó a Iglesias y lo obligó a retirarse de la política, por lo menos por ahora. Y, en lo que realmente importa, España ya se está preparando para volver a la normalidad ¡en junio!

¿Y cómo estamos por Bolivia? Ustedes y yo lo sabemos mejor que nadie. Ya llegó la tercera ola y nos agarró igual o peor que la primera. El rango de edad para los contagios ha bajado de manera alarmante porque quienes no se cuidaron fueron los jóvenes, que comenzaron a acudir a fiestas y chupar como descosidos. La mortandad por la covid-19 ha subido y estamos llorando a mucha gente.
Estamos tan mal que un exdirector de Salud de La Paz ha advertido que no solo habrá cuarta sino hasta una quinta y sexta ola. ¿Aguantaremos tanto? Es hora de preguntarnos en qué estamos fallando.

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