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La balanza comercial de enero a diciembre de 2020, esto es la diferencia entre lo que se exporta frente a lo que se importa al país, registró un déficit de 65 millones de dólares, que si bien es una cifra negativa, es la más baja en los últimos seis años, según el más reciente boletín de Comercio Exterior del Instituto Nacional de Estadística.

El pasado año las exportaciones bolivianas sumaron 7.015 millones de dólares, 1.909 millones menos que en 2019, cuando las ventas fueron de 8.924 millones de dólares.

Los sectores que más cayeron fueron hidrocarburos, que bajó 27,4 por ciento; la minería, que cayó 27 por ciento; y la industria manufacturera que sufrió una reducción de ventas de 16,2 por ciento.

En el caso de la reducción de las ventas del sector de hidrocarburos, esta se debió a la caída del valor de la exportación de gas natural, que vio por los suelos su cotización por efecto de la caída mundial de los precios internacionales del petróleo.

En contraste, la agricultura, la ganadería, la caza, la silvicultura y la pesca mostraron un crecimiento en sus ventas, pequeño, pero crecimiento al fin, de 0,6 por ciento.

El valor de las importaciones durante 2020 alcanzó a 7.080 millones de dólares, cifra inferior en 2.705 millones a la que se registró en 2019, cuando las compras al exterior llegaron a 9.785 millones de dólares, esto es una reducción de 28 por ciento.

Es decir, si bien cayeron las exportaciones, también lo hicieron las importaciones; en ambos casos la principal razón es la irrupción en el mundo de la pandemia del coronavirus que durante varios meses prácticamente paralizó las economías de todos los continentes, y con más fuerza durante el periodo de los confinamientos.

La reducción más importante en las importaciones ocurrió en la categoría de combustibles y lubricantes, que cayeron en 43,9 por ciento, precisamente porque durante la cuarentena disminuyó drásticamente el consumo del sector transporte y particular: si no hay vehículos ni camiones circulando por las calles y carreteras, tampoco hay venta de gasolinas.

En cambio, la demanda de trigo y harina de trigo subió durante la pandemia, con lo cual la importación de estos productos creció en 2,1 por ciento.

La gran paradoja boliviana es que los sectores productivos vinculados a la agricultura tienen superávit en producción, los precios internacionales de alimentos se dispararon a su nivel más alto desde julio 2014, pero el Gobierno de Bolivia pone restricciones a las ventas al exterior, e incluso amenaza con suspender las exportaciones.

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