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Finalmente llegaron 170 respiradores al país. El personal de salud y la ciudadanía los esperaban con ansias porque es por demás conocido que no existen suficientes en Bolivia. Lo que Santa Cruz no esperaba era una nueva demostración de injusticia y discriminación con este departamento que tanto le aporta a Bolivia. Pese a ser el más poblado y el que tiene más casos de coronavirus, recibió solo 30 equipos, porque los demás son distribuidos en las otras regiones. Quizás los gobernantes dirán que es una repartición equitativa, pero desde aquí podemos afirmar que no tiene criterio de atender la emergencia en los lugares donde esta se ve más complicada.

Hasta el jueves, en Santa Cruz se habían confirmado 2.163 casos positivos de Covid-19 (el 64% del total nacional), pero recibe el 20% de la dotación de los tan ansiados respiradores. ¿Alguien lo entiende? Hace alrededor de 10 días, el secretario departamental de Salud, Óscar Urenda, decía: “Con 400 casos en cuatro días, en Santa Cruz están saturándose sus hospitales Covid-19 y debemos demandar lo que hemos convenido con el Gobierno nacional, que son contratos para el personal y respiradores para nuestros pacientes. Contratos para ampliar camas de internación y respiradores para salvar la vida a la gente.

Ya es una responsabilidad del Gobierno nacional porque esto no es para de aquí a una semana, es para mañana”, pero lamentablemente el mensaje no llegó claro a la presidenta ni a los responsables de distribuir los equipos.
Dejaron 30 respiradores en Santa Cruz y dejarán 30 a La Paz, que tiene 322 casos (9,5% del total). La relación de contagios no es la misma y tampoco lo son las condiciones de salud. Históricamente la sede de Gobierno tuvo mejor atención estatal en materia sanitaria: ítems, camas, equipos. Santa Cruz tuvo que soportar el sesgo centralista y discriminador desde siempre. No se puede olvidar la mirada sobradora de Carlos Mesa (cuando era presidente) hacia esta región, ni qué decir de Evo Morales que, primero confrontó y después sometió a los cruceños (empresarios y ciudadanos de a pie). No se esperaba la misma actitud de Jeanine Áñez, mujer del oriente. Pero parece que el centralismo tiene el poder de distorsionar la mirada de quien está a cargo de la conducción del país.

Santa Cruz es el departamento más poblado del país no por crecimiento vegetativo, sino porque miles de bolivianos lo eligieron para vivir. Esta región acoge con los brazos abiertos a todos (la madre de la presidenta también vive acá) y, pese a que no hubo pacto fiscal y los municipios y la gobernación reciben menos de lo que deben por coparticipación tributaria, se hace lo que se puede para atender las necesidades de todos esos habitantes. Uno de los ámbitos con más carencias es precisamente el de la salud. Hasta aquí, ninguna autoridad del centralismo lo logra comprender.

Más allá de ese debate que es denso y que tiene larga data, no es posible que no se otorgue equipamiento indispensable para salvar vidas, como son los respiradores, en la proporción que se necesita. Ya se ha alertado sobre el ritmo de contagios (desde hace un par de semanas no bajan de 90 en este departamento) y también sobre el peligro del colapso hospitalario precisamente por la falta de personal y de respiradores, lejos de mejorar, el panorama empeora en la capital y en varios municipios. Entonces, no es una concesión la que se pide, sino que se actúe con la responsabilidad que corresponde. Ya está bueno de discriminación e inequidad, Santa Cruz es parte fundamental de Bolivia y merece ser tratado como tal.