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Democracia americana

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Pese al increíble y obstinado desconocimiento de los resultados de las elecciones presidenciales y al vergonzoso ataque al Capitolio, hecho histórico que lo convierte en el primer ataque violento a la casa de la democracia americana, además que representa un alocado intento de coartar el derecho de las mayorías que fue ejecutado eficientemente por “seguidores fanáticos” siguiendo las insistentes órdenes del expresidente de EEUU Donald Trump, el 20 de enero, Joseph Biden fue posesionado como presidente número 46 de EEUU.

Históricamente los gobiernos de EEUU oscilaron entre mandatos demócratas y republicanos (los dos puntos de vista antagónicos que se turnan cada 4 años). El Gobierno de Trump (porque no podríamos llamarle Republicano) marcó un antes y un después de este partido que hoy se encuentra fragmentado.

La fragmentación de los republicanos es consecuencia de la polarización de las ideologías del país, con una izquierda que cada vez admite menos la diversidad (de pensamiento) en relación con su nueva ideología “base” y un “trumpismo” en el cual se han refugiado todos los grupos que se oponen a ella, incluyendo por un lado a la derecha y los republicanos tradicionales (por motivos principalmente económicos) y algunos grupos unidos por resentimientos sociales y raciales, que perciben la izquierda como una élite; exacerbando la división de por sí ya existente con los demócratas.

Aunque el partido Demócrata lidera las cámaras del Legislativo, no será una tarea fácil para el presidente Biden lidiar con las políticas públicas y económicas, consecuencia de la pandemia mundial, sino que también deberá saber combatir la herencia de Trump, que es la polarización social de casi la mitad del país que profesa los postulados radicales y populistas, que ya ha demostrado los ribetes autocráticos y autoritarios que durante toda su gestión llevó adelante el expresidente, asemejándose mucho a varios presidentes sudamericanos que se aferran al poder y a su populismo desconociendo reglas básicas de la democracia.

EEUU está viviendo un proceso político que se asemeja a los países latinoamericanos, donde es reconocido que la ingobernabilidad, polarización y surgimiento de grupos subversivos es consecuencia del descontento con el sistema. Uno de los principales problemas del presidente Biden será conciliar el antagonismo y cerrar espacios al crecimiento del racismo, por medio de una administración responsable y racional.

A pesar de la premisa de los seguidores de Trump, todos los gobiernos de EEUU se han caracterizado por un nacionalismo económico, que busca solucionar los problemas domésticos, antes que los conflictos latinoamericanos, tema que Biden deberá resolver, independientemente de su buena voluntad con la región, reconocida durante su carrera política como presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado.

Nos encontramos en un escenario de crisis mundial, donde para Latinoamérica las palabras de Madeleine Albright (exsecretaria de Estado durante el Gobierno de Clinton) se han vuelto considerables: “EEUU es un país indispensable” y su imagen debilitada en política exterior debe fortalecerse esencialmente para que los países de la región no se vean inmersos en compromisos coercitivos, sino diplomáticos que aceleren la recuperación económica y la reversión de los gobiernos no democráticos.



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