Para conseguir la democracia que hoy gozamos los más de once millones de bolivianos ha sido con una lucha férrea, decidida y valiente. Con convicciones y renunciamientos.
Entre todos le arrebatamos a las dictaduras de Banzer, Vildoso y Meza nuestra democracia. Costó sangre, vidas y lágrimas. Pero ahí estuvimos niños, jóvenes, hombres y mujeres de todas las condiciones sociales, pertenencia étnica, profesionales, etc.
Esta democracia, recuperada desde el 10 de octubre de 1982, es más grande que todos nosotros y es obligación, deber y responsabilidad asumir su defensa por encima de intereses personales, grupales o sectoriales.
Claro que, en otras épocas, cuando esos sectores revolucionarios, como los mineros, campesinos, indígenas y trabajadores recurrieron al bloqueo, a las marchas, a los dinamitazos, la bota militar temblaba. La marea por vivir en democracia era incontenible. Era una exigencia colectiva y construida a lo largo de muchos años. La democracia es un derecho de cada uno de nosotros.
Pero hoy vivimos no una lucha por la democracia, sino una lucha sin cuartel -en democracia- de un hombre que está enfermo de poder. Este hombre y sus asesores vienen manipulando a sus seguidores, que se están movilizando por la ambición de éste de volver a gozar de las mieles del poder. Está dispuesto a romper y violar la democracia, para lo cual recurre a los bloqueos, a los insultos, a los dinamitazos y a quebrar el orden constitucional en que se sustenta nuestra democracia.
No es una movilización contra la crisis económica, contra las medidas del gobierno. Es una acción ilegal, violenta que sus propios protagonistas han planteado: la renuncia de Rodrigo Paz para allanar su camino, por las buenas o las malas, a la Casa Grande del Pueblo, símbolo del poder político.
Nos guste o no, estemos de acuerdo o no con el gobierno de Rodrigo Paz, éste emergió de las urnas y debe concluir con su mandato constitucional y entregar el mando dentro de cinco años más. O si no lo quieren, activen el referéndum revocatorio dentro de dos años.
Si Ud. está enojado, molesto y yesca, pues afine bien su puntería, ejerza su derecho democrático a la libre expresión, a la opinion, a la participación para que no le arrebaten su derecho a vivir en democracia, de lo contrario, permitiremos que esa movilización de los evistas retomen el poder con alta dosis de terrorismo y conspiración; vienen atentando contra el gobierno, contra el país, contra los bolivianos.
Pero frente a estas ansias de libertades democráticas de la mayoría de los bolivianos hay un mini ejército de militantes de la izquierda radical que han construido relatos que buscan contarnos otra historia y en base a ella argumentan que estos bloqueos son productos de grandes mayorías nacionales que están buscando su reivindicación racial, social y política. Por tanto, para ello los bloqueos son buenos, legales y es su derecho a exigir la renuncia del presidente Paz.
Quieren imponer sus relatos con amenazas, advertencias, sanciones a quienes se oponen a los mismos y lo han hecho a plan de latigazos, dinamitazos, destrucción de carreteras y un discurso agresivo de forma permanente.
¿Qué es la democracia y para qué sirve? Es un sistema político para un Estado y sus integrantes que decidieron aceptar las reglas de la democracia y que tiene por objetivos: evitar la confrontación violenta mediante la búsqueda del consenso, proceso que se lo debe ir construyendo bajo distintas alternativas, como el diálogo, así como lo ha estado haciendo el gobierno, evitando al máximo el uso de la fuerza.
Pero también requiere voluntad de los bloqueadores, que después de 45 días no lo han demostrado y algunos sectores han radicalizado sus medidas contra la democracia y contra el gobierno actual. Sin diálogo, pero sí con bloqueos.
Otro aspecto de nuestra democracia, tal como lo establece la Constitución Política nos considera a todos los bolivianos como iguales, libres y con potestad a ejercer nuestros derechos humanos
“Se trata con todo ello de dar las mejores soluciones a los problemas que la comunidad afronta, soluciones que se basan en el principio de solidaridad entre los miembros de esa comunidad. Para que un sistema así pueda funcionar se requiere que todos respeten la ley, actúen de buena fe y sean tolerantes con aquel que discrepa o piensa de forma diferente. El mecanismo utilizado para la toma de decisiones es el de la mayoría, manteniendo siempre el respeto a las minorías, que no se pueden ver avasalladas”, nos ayuda en una definición sencilla el abogado español Marcos López Herrador, en su importante libro Historia de las ideas contemporáneas.
A plan de bloqueos, agresiones y vulneraciones a los derechos humanos, los que ejecutan estas acciones nos quieren hacer creer que ellos defienden a la democracia y, aún más, dicen que son ellos los que la defienden más que nadie. Más que todos nosotros que somos el pueblo bloqueado.
Los bloqueadores y sus autores intelectuales no son democráticos. No actúan de buena fe, no toleran las críticas ni las disidencias; son dogmáticos, fanáticos, fundamentalistas, sectarios, intransigentes.
“Utilizan la mayoría para aplastar a las minorías y, cuando no gobiernan, utilizan a las minorías para hacer de imposible aplicación la voluntad de la mayoría. No, no son demócratas”, remata nuestro invitado López Herrador.
(*) Hernán Cabrera es periodista