Opinión

“Democracia, elecciones, Covid-19 y muerte”

Gary Antonio Rodríguez A 26/7/2020 03:00

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Más de 30 países han diferido sus elecciones presidenciales o de otra índole, en vista de la pandemia del Coronavirus que ha enfermado ya a cerca de 16 millones de personas y causado casi 650.000 muertes en el mundo, esto, sin llegar aún al pico de contagios.

Pese a ello, hay quienes se animan a seguir adelante con su entusiasmo electoral, como la República Dominicana que, a poco de haber realizado sus comicios con una bajísima participación de votantes (“Elección de República Dominicana tuvo 45% de ausentismo; autoridad electoral lo atribuye a la pandemia”, Erbol, 8.07.2020), registra ahora un récord de enfermos y muertos por causa de dicho mal como lo ha reflejado la prensa internacional: “La Covid-19 tiene en ascuas hoy a la República Dominicana luego de un importante rebrote surgido a partir de la reapertura económica, el proceso electoral que concluyó el pasado 5 de julio y la indisciplina social” (“La Covid-19 y sus estragos en República Dominicana”, Prensa Latina, 17.07.2020).

Pese a todos estos antecedentes y a la propia evolución del contagio por el Coronavirus, de manera incomprensible en Bolivia se ha desatado una discusión a nivel de los partidos políticos y la sociedad civil, sobre la conveniencia de realizar elecciones generales el 6 de septiembre de 2020, habiendo surtido efecto la presión social, principalmente por las redes sociales, para que el Tribunal Supremo Electoral reflexione en su tozuda insistencia de llevarlas a cabo en la indicada fecha, fijando otra que nuevamente llama al reclamo y la polémica pues difiere en muy poco respecto a la anterior siendo inexplicable el sentido de urgencia con el que se maneja (“Bolivia posterga elecciones hasta el 18 de octubre”, EL DEBER, 23.07.2020).

Más allá de que muchos padres de familia no irán a votar en la nueva fecha para no contagiar a sus pequeños; o que cuántos jóvenes no lo harán tampoco para proteger a sus familiares con enfermedades de base; igualmente los mayores a 60, por ser vulnerables; más allá de que quienes obligatoriamente vayan a votar serán funcionarios públicos o quienes sean inducidos por los inescrupulosos de siempre, que se dan mañas para hacerlo; más allá de la insistencia de la necesidad de sanear el Padrón Electoral; de igualar la representatividad del voto citadino con el del campo; de ajustar el número de diputados por Departamento según la población; y de la sugerencia de unir las elecciones nacionales con las departamentales para ahorrar recursos y con ello construir hospitales, v.gr., para enfrentar el Covid-19; más allá de todo ello ¿no extraña tal discusión cuando de por medio está la vida? ¿O es que hay quienes quieren tomar el poder a costa de subir la cantidad de muertos? ¡Triste sería esto!

Frívola discusión, en definitiva, cuando la disputa ahora no se resume ya a lograr un lugar de internación en un centro de atención médica, sino que pasa a las funerarias para lograr un ataúd, y a los cementerios por un lugar de entierro, todo por el terrible Coronavirus.

Y pensar que estando así las cosas hay quienes machaconamente siguen con su cantaleta de “¡elecciones ya, elecciones ya, elecciones ya!”. ¿Es que acaso se merece Bolivia, tener gobernantes así?