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20 de octubre de 2020, 8:00 AM
20 de octubre de 2020, 8:00 AM

“El hombre nació libre, y en todas partes está encadenado. Quiero saber si en el orden civil puede haber alguna ley de administración legítima y segura, tomando a los hombres como son, y leyes como pueden ser ". Jean- Jacques Rousseau.

El retorno a la democracia en 1982, después de 18 años de dictaduras, donde las Fuerzas Armadas entrega al Congreso de la República la banda presidencial, para que este se entregue el gobierno a la UDP, que ganó las elecciones en 1980 con un 38,74%. Lo contrario paso el 2019, donde los militares entregan el gobierno a Janine Áñez, y la pregunta es; ¿en qué democracia realmente vivimos?

En 1985, la COB logra derrocar al gobierno de la UDP y al mejor estilo de comedia yanqui se llama a elecciones, es ahí la puesta en escena del ex dictador Hugo Banzer Suarez, para sorpresa de muchos desaparecidos y exiliados gana esa elección con el 32%, pero al no alcanzar la mayoría, su futuro se juega a las cartas, donde el nuevo poseedor de la silla electoral lo define el parlamento, dando la presidencia a el segundo en contienda, Víctor Paz Estenssoro.

La democracia boliviana fue rifando pegas, desde ministerios hasta servicios de limpieza, todos querían un pedazo de esta Republica en el corazón de Sudamérica. Entre las anécdotas electorales está la de 1989, donde el amigo del Oso Chavarría, llega a ser presidente con tan solo un 19% de votación, gracias al apoyo militante de la ADN, al Movimiento de Izquierda Revolucionaria, dejando fuera al MNR, partido popular campesino – minero, el cual años después con un acento gringo logra capitalizar las empresas estatales y marca las directrices en políticas, que hasta nuestros días se siguen aplicando, como el 21060 que da la libertad al empleador de decidir las condiciones laborales y la fluctuación del libre mercado.

En el periodo de gobierno del ADN de 1998 al 2002, donde el General, no puede terminar su mandato por ser víctima del cáncer y deja a su joven aprendiz a cargo del gobierno, que según las malas lenguas es el responsable de la masacre de Sacaba el 2002, el año que asume Gonzalo Sánchez de Lozada, el hombre del documental de HBO, el gringo boliviano, que tiene que dejar el Estado tras los levantamientos de octubre.

El 2005 el congreso llama a elecciones, donde el triunfó del MAS con un 53%, el que se hizo dueño de los movimientos de octubre y enarboló la lucha de los indígenas. Como dato curioso, en esté gobierno se legalizo el bolo, como parte de la política económica cruceña.

En este periodo es recordado por los cambios políticos profundos que vivió el país como la una Nueva Constitución Política del Estado, nacionalizaciones y la lucha por la tenencia de la tierra.

Pero como todo lo que sube baja, las consecuencias de un mal cálculo político y soberbia del poder, clásico síndrome de los caudillos, el 21 de febrero del 2016, se llama a un referéndum que permitía al presidente y vicepresidente del Estado Boliviano postularse a ser reelectos.

Para sorpresa de todos y más de la joven ex pareja del caudillo, (la cual rondaba por oscuros ministerios haciendo la parodia del artista, según Fito Paez), y la alegría de los opositores que, el "No", ganó con un total de 51,30% de los votos, mientras el "Sí", obtuvo el 48,70% de votos.

Desde ese momento las represalias de la oposición fueron sumando y debilitando al Estado, el mismo que subestimo al movimiento cívico que logró en el mes de octubre de 2019, hacer participar a la clase media con una bandera y una pita paralizar al país, armados de resentimiento de ver convertido la Republica en un Estado Plurinacional.

A principios de noviembre renuncia el Caudillo y con una biblia en mano y arma en el hombro, entran al palacio de Gobierno, donde los militares posesionan a la Senadora del Beni, la mujer que manejaría esta última etapa de la historia política del país.

Tarea difícil le toco a la nueva gobernante, el cual estuvo marcado por su candidatura a la presidencia y al día siguiente dejar de ser una opción para el votante. A esto se suma los errores cometidos por su entorno, la mala planificación, una deficiente construcción política, el auto saboteada por la corrupción de cuello blanco, la entrada y salida de ministros y un endeudamiento público por causa de las cuarentena.

Al final la democracia en Bolivia es más parecida a algunas dictaduras, donde primó la negociación para coactar el poder al costo que sea y lo último que importa es el votante que encarna la democracia, en ese acto de decidir quién manejará por 5 años y dejar al azar o a la conciencia del político ganador el bienestar de su familia.

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