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OPINIÓN

Dengue, influenza y coronavirus

Editorial El Deber 9/3/2020 03:30

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Lo que parecía una realidad lejana podría convertirse en realidad dentro de corto tiempo: que convivan el dengue, la influenza y el coronavirus en un departamento muy poblado y con insuficientes servicios para garantizar una atención adecuada a los pacientes. Es ahora cuando las autoridades deben demostrar que les interesa la salud, éste es el momento para hacer realidad lo que discursean con tanta emoción, pero postergan con frialdad asombrosa.

En el departamento de Santa Cruz se contabilizan unos 38.000 casos de dengue. Se reportaron 41 fallecidos, aunque el comité científico solo confirma el deceso de ocho después de hacer análisis a 17 pacientes. Mientras el Sedes habla de menos de 10 muertes confirmadas por este mal, solo el hospital de niños Mario Ortiz habla de 22 pequeñitos cuyos cuerpos no resistieron la enfermedad transmitida por el mosquito Aedes aegypti.

Los datos son extremos y, aunque parezca un asunto cansino e incomode a las autoridades de salud, no podemos dejar de acompañar el reclamo de los pacientes porque los hospitales se mantienen saturados, porque las camas no alcanzan, porque no hay personal suficiente. Las imágenes que los propios médicos ponen en sus redes sociales muestran que cuatro enfermos comparten un soporte de suero, mientras están sentados en sillas. Las camillas están en los pasillos y hay banquetas que contienen a personas adoloridas.

Al dengue se suma la influenza. En pleno verano, hasta la semana pasada se reportaron 224 casos de esta infección viral y el Sedes declaró alerta naranja. Mientras esto ocurre, el coronavirus rodea a Bolivia porque ya hay casos en todos los países que limitan con el nuestro; incluso se ha dado la primera muerte en Argentina. Nadie lo quiere, pero se puede prever que el primer infectado se reporte en cuestión de horas o días.

Entonces, es lógico preguntar: Si estamos con hospitales saturados solo por la epidemia de dengue, ¿qué puede pasar si aumentan los casos de influenza y se suman los de coronavirus? El primer simulacro real lo tuvimos el viernes. Un paciente, recién llegado de Europa, buscó ayuda médica porque estaba con tos. El personal de una caja de salud, sin espacio para atenderlo, lo derivó a una clínica privada donde el personal se asustó tanto que no supo qué hacer, develando que no en todos los centros asistenciales se conoce el protocolo de atención ni existen los recursos adecuados.

Al Gobierno le toca atender con seriedad e integralidad el tema de la salud. La gestión de Evo Morales relegó este sector hasta dejarlo en el estado deplorable en que se encuentra. A Jeanine Áñez le corresponde ahora resolver con recursos extraordinarios de verdadera emergencia. El sistema sanitario de Bolivia es pobre, muy pobre y no puede seguir así. Además, se precisa sacarlo de las garras de la burocracia, para que la capacidad de reacción ante epidemias o alertas se acelere y que no tengamos que ver sufrir a los enfermos por falta de recursos.

Es actuando que se conseguirá y no limitando el acceso del periodismo a los hospitales o con silencio frente a las preguntas.

En un año electoral, salvo excepciones honorables como el doctor Roberto Tórrez, jefe de epidemiología, los Demócratas que manejan la Gobernación y los de Santa Cruz para Todos, que están a cargo de la Alcaldía de la capital, se ocupan más de la campaña que de buscar soluciones coherentes con la realidad. Hay que exigirles que cumplan con la gestión, que demuestren su eficiencia si quieren tener el voto de los ciudadanos.

La precariedad con que se atiende la salud en Santa Cruz ya se ha hecho intolerable.

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