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Desacople de la política y justicia intoxicada

Pedro Gareca 4/9/2020 05:00

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Mientras dos golosos de la primacía mundial en plena pandemia del Covid-19, Donald Trump y Xi Jinping, ingresan en la lógica por una competencia de suma cero, parece que la Unión Europea prefiere mantenerse fuera de cualquier escala de rivalidad y optar por una posición neutral.

La globalización y el debilitamiento de los lazos entre países por atender los servicios sanitarios y recuperar cuanto antes al capital humano, ya está dando lugar a lo que eufemísticamente se ha dado en llamar ‘el desacople’ de la economía e industrias chinas.

En esta lógica, los países y las regiones se están organizando en unidades económicas y geopolíticas más pequeñas, bajo la apariencia de recuperar el potencial económico en términos de independencia, como sugirió Henry Kissinger sin descuidar la integración de los bloques hemisféricos.

Estas tendencias están a la vista en la lucha por el gigante tecnológico chino Huawei que, ante la alerta de espionaje, el retroceso de sus ventas de teléfonos inteligentes ha caído en un 40% (representa perder unos 30.000 millones de dólares) en algo así de 176 países en el mundo. El tema pasa por cómo sobreviven las firmas chinas para no depender del consumo esencial de Estados Unidos en materia de cadena de suministros.

Es bueno conocer el programa de Donald Trump, que es de destrucción creativa, que mina a instituciones como la Organización Mundial del Comercio y la OTAN y desecha alianzas comerciales como el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP); la idea es obligar a los países industrializados a ingresar a negociaciones bilaterales con EEUU, obviamente, en tanto esté en condiciones de fijar los mejores términos para potenciar su economía. Mientras que Xi Jinping apuesta por una economía Hecho en China 2025, hasta convertirse en un líder global de tecnologías de punta como la inteligencia artificial (IA), que importa adquirir conocimiento y tecnología occidental y terminar con la expulsión de las empresas europeas y estadounidenses del mercado chino. Con las consecuencias de la pandemia, los chinos han comprado acciones de empresas occidentales a precios muy favorables y su industria farmacéutica sigue floreciente.

Por su parte, los europeos quieren vivir en un sistema multilateral donde las decisiones tengan reglas y haya alianzas para potenciar sus ganancias. Cada vez es más generalizada la idea de que si Europa no tiene sus propias directrices que sellen sus competencias en IA y otras tecnologías, los valores europeos apenas van a importar. 

El tema pasa en el espacio europeo por cómo proteger la soberanía frente a las sanciones de EEUU, las inversiones chinas y otras fuentes de coerción externa y reinyectar económicamente a los países de la UE para solventar las pérdidas empresariales y el desempleo.

Mientras esto sucede en el mundo, cómo asumimos y remamos los bolivianos en situación de crisis económica-social y qué esperanzas se pueden cifrar en escasos 48 días de verificación de las elecciones generales con un padrón espurio y representación desigualitaria por el esquema de circunscripciones uninominales, reclamadas y no resueltas por el TSE y el desinterés de los tres cabildos virtuales que no agendaron algo esencial.

Los líderes que aspiran a la silla presidencial suponen que el Estado de derecho es una orquesta sinfónica, que ni conserva un rico patrimonio cultural, si hasta ahora nadie ha lanzado una propuesta de reforma inteligente de la democracia: “Derechos con libertades”, luego de 14 años de descomposición institucional, corrupción, narcotráfico y escalada de delitos de lesa humanidad del MAS-IPSP. Personería que debería ser cancelada por el TSE y rechazada por el TCP la inconstitucionalidad concreta del art. 136.III de la Ley 026, si han transcurrido 27 días desde la recepción (5-08-2020).

Así retratada la realidad, se aprecia que el problema es el control de poder bajo unidad cero y potenciar al gobierno de las leyes desde la ALP y al gobierno de jueces -magistrados del MAS-IPSP- desde los órganos judiciales. Los candidatos, no se atreven a enamorar al electorado indeciso (voto oculto) que bordea el 30% proponiendo un cambio total en la justicia intoxicada al devenir de una matriz amorfa del padrón electoral 2014 y 2019, que se llevó a la cárcel a todos los vocales del Tribunal Supremo electoral (TSE) y vocales de tribunales electorales departamentales (TDE) por el fraude electoral demostrado por los delegados internacionales de la OEA y UE, que promovió el MAS-IPSP. Arraigar estos males aquí o en Buenos Aires por injerencia directa del Gobierno argentino, sería prudente cancelar las elecciones en aquel país, al no ser nada halagüeño para la democracia transparente, en términos de reflexión.

Además, si no se genera un debate programático en temas de salud pospandemia, educación virtual con cobertura nacional, inversión, empleo, regulación del derecho a la protesta en términos ponderables, política de reducción de cultivo de coca de 35.000 a 15.000 ha, auditorías internacionales a empresas del Estado y contrataciones de bienes y servicios directas (de 2006 a noviembre de 2019), abrogación de decretos de amnistía (2003), de concesión de tierras en la Chiquitanía y parques nacionales, sensiblemente, se nubla el éxito inicial de los 21 días de lucha democrática del 75% de los bolivianos, que hicieron huir al innombrable; así, no hay vuelta hacia atrás, sino cuidar la imagen.

Si la tutela de los derechos fundamentales encuentra su culminación en la jurisdicción constitucional a través de medios de defensa por jueces imparciales, ¿por qué se retienen sentencias?, ¿cuáles son los elementos para que el TSE y el TCP guarden silencio sobre la cancelación de personería del MAS-IPSP?, si no existe derecho político a un partido vinculado con manifestaciones terroristas y delitos de lesa humanidad graves y reiterada, más aún si ante la Corte Penal Internacional (CPI) hay investigación contra Evo Morales y otros por ataques generalizados y sistemáticos a la población civil (art. 77 del Estatuto de Roma) y, últimamente, por delitos contra menores de edad aprovechando su condición de presidente, es deplorable internacionalmente.

El esclarecido jurista Enrique Guillén expone: “Tenemos que seguir confiando en que la cultura, y no la idolatría, nos hará libres”.