Opinión

Desafío para las universidades bolivianas

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28 de julio de 2017, 4:00 AM
28 de julio de 2017, 4:00 AM

Falta de incentivos, débil inversión en investigación científica y tecnológica y retraso en la formación docente explican que el sistema universitario boliviano esté postergado respecto de sus pares de América Latina.

Esa es la principal explicación para que los centros de educación superior, públicos y privados, de Bolivia aparezcan en la cola entre las universidades calificadas por la revista británica Times Higher Education (THE). 

No es la primera vez que nuestras casas de altos estudios aparecen tan abajo en las listas desarrolladas por entidades especializadas en la verificación de los estudios universitarios a escala mundial. La revista evalúa a las universidades basada en 13 indicadores, entre los que destacan investigación y publicaciones académicas, ambos puntos muy deficientes en el caso boliviano.

El dato es fundamental para un país que está buscando alternativas de desarrollo y cuya economía todavía es muy dependiente de la explotación de materias primas. 

No vamos a ser una nación productiva ni desarrollada si no impulsamos el pensamiento crítico, la innovación científica y tecnológica. Y no basta con construir ‘ciudades científicas’ que sigan las modas del momento y se transformen en centros turísticos sin resultados concretos en materia de investigación. 

Todos los países, desde los capitalistas hasta los comunistas, saben que solo un sistema universitario sólido y bien consolidado puede apuntalar el desarrollo económico en un mundo altamente competitivo e interconectado.

Otros países de la región así lo han comprendido. Las universidades de Brasil, Argentina y Chile figuran hoy entre las mejores gracias a que sus estados priorizaron la inversión pública en la creación de conocimiento y tecnología.

En el caso boliviano la situación se agrava por las distorsiones que se observan en el gasto de recursos para la educación. Todavía se invierten más fondos en personal administrativo que en mejorar los ingresos de los docentes universitarios. 

La solución tampoco debe recaer únicamente en el Estado. Las universidades públicas y privadas no pueden esperar que todas las soluciones provengan del aparato estatal. Ellas deben generar sus propios recursos a través de su inserción en el aparato productivo del país, buscando salidas en los mercados del mundo. Internacionalizarse, conectarse con un mundo cada vez más dinámico y desafiante es fundamental para que las universidades puedan pegar el salto que todos esperamos. 

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