Impreso

Desafíos que plantea el Carnaval

Editorial El Deber 23/2/2020 03:00

Escucha esta nota aquí

Bolivia ya se ha sumergido en el Carnaval, celebración que tiene una gran diversidad de expresiones a lo largo y ancho del territorio nacional. Cuando se contempla cada una de ellas no se puede sino lamentar que no haya una política de Estado para alentar el turismo con mayor determinación, a fin de aprovechar todas las facetas y lograr mayores ingresos para las arcas nacionales.

Oruro ha sabido reinventarse después de años en los que accidentes y atentados dejaron luto en sus calles y en la memoria colectiva. Ya el año pasado recibió 300.000 turistas y se espera que en esta versión se incremente la cifra. Esta actividad es una de las más importantes de esta ciudad y, sin duda, deja ingresos que permiten activar la economía local. Frente a esa realidad, se modificó la norma de consumo de bebidas alcohólicas y hay que esperar que esto no redunde en violencia ni en hechos lamentables. Hay que destacar que los bailarines que concurren a este homenaje a la Virgen del Socavón han logrado que la entrada folclórica luzca renovada y colorida, manteniendo el espíritu folclórico y haciendo que, por ahora, esta capital sea la más atrayente para el público extranjero.

El Carnaval cruceño es diferente, Tiene un sabor más íntimo dentro de las comparsas. La actividad masiva es el corso; este año participaron menos comparsas que en versiones pasadas, pero se lucieron la creatividad y alegría. Las mujeres y sus agrupaciones se esfuerzan por darle el toque elegante y de espectáculo a la celebración. No obstante, hay que decirlo, el cierre de calles en el centro durante los tres días feriados le da un carácter restrictivo que, si bien busca mantener la seguridad de los carnavaleros, no permite que estos puedan circular y conocer las características de la fiesta en la ciudad más grande y alegre del país.

La fiesta grande cruceña está cambiando irremediablemente. Los más jóvenes dejan a un lado la tradicional banda y optan por traer artistas internacionales que ofrecen espectáculos privados en espacios cerrados.

Aun los carnavaleros más tradicionales optaron por refugiarse en espacios del centro cruceño y así va desapareciendo el Carnaval de calle que era tradicional. Todo eso forma parte de la transformación cultural de las sociedades. A la Asociación de Comparsas Carnavaleras y al municipio les toca ahora encontrar la veta que se debe explotar en estas nuevas manifestaciones, para que Santa Cruz de la Sierra sea un destino apetecible para propios y extraños.

También hay que destacar el Carnaval en Tarija, que tiene sus propias características y que merece ser más promocionado por su gente y sus autoridades.

En las provincias cruceñas hay una increíble y mágica variedad de celebraciones que van desde las tradicionales (parecidas a las que se viven en la capital) hasta las más autóctonas que ayudan a conocer las raíces culturales de los cruceños.

En Vallegrande, en Cuevo, en Samaipata o en la Chiquitania hay mucho por descubrir y es preciso que el Estado asuma como un reto la ejecución de una campaña de promoción, de mejoramiento de las condiciones viales y de hotelería para incentivar el turismo interno y la atracción de visitantes extranjeros que quedarán extasiados al sumergirse en la diversidad que existe en Bolivia.

Hay que recordar que países vecinos, donde el turismo es una industria poderosa, aprovechan los feriados largos porque la movilidad ciudadana en esos días deja ingresos que ayudan al desarrollo de comunidades rurales, municipios y las arcas nacionales. Ya es tiempo de que en Bolivia se asuman esos desafíos a fin de no desperdiciar el inmenso potencial con que contamos.