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Desarrollo humano: una construcción desde las personas

Sabado, 05 de julio de 2025 a las 23:57

Por Redacción

Por Milenka Ocampo

Hablar de desarrollo humano es hablar de las personas, sus derechos y oportunidades. Es mirar más allá del crecimiento económico y entender cómo viven las y los bolivianos, qué tan libres son para elegir su destino y cuán equitativas son las condiciones para lograr una vida plena. Este enfoque reconoce que la pobreza, la desigualdad y la exclusión no son solo problemas de ingresos, sino también de capacidades, libertades y justicia social.

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) impulsa el enfoque de Desarrollo Humano, que busca ampliar las capacidades de todas las personas para vivir la vida que valoran, en condiciones de igualdad y sostenibilidad. Este paradigma significó un giro frente a la visión unidimensional del desarrollo, poniendo en el centro a las personas, sus libertades y su rol como agentes de cambio.

Hablar de desarrollo humano implica garantizar la voz y la capacidad de acción de todas las personas, especialmente en contextos de tensiones entre lo deseable y lo posible. Este enfoque reconoce que el desarrollo no puede definirse unilateralmente por expertos o autoridades, sino que debe construirse desde la participación de individuos y comunidades.

Desde hace casi 25 años, el PNUD ha documentado las diversas formas de desigualdad en Bolivia mediante informes sobre desarrollo humano. Aunque, en el país se lograron avances en la reducción de la pobreza, persisten brechas significativas entre regiones, géneros y pueblos indígenas que limitan el acceso equitativo a oportunidades. La movilidad social sigue condicionada por el origen, el territorio y la calidad de los servicios disponibles.

Un recuento de los informes da evidencia que los temas abordados han estado en la centralidad en los procesos de desarrollo del país. El Índice de Desarrollo Humano en 1998 vinculó “el país que somos” al cambio demográfico, mostrando la transición del campo a la ciudad y las diferencias generacionales entre el abuelo aimara del Altiplano y el nieto alteño que navega por internet en El Alto. El informe 2000 identificó la igualdad como una aspiración fundamental de los y las bolivianos. Mientras que el Informe del 2002, en un contexto de conflictividad tras la Guerra del Agua y bloqueos en el Altiplano, analizó cambios históricos y propuso escenarios de futuro, incluyendo la posibilidad de una reforma ampliada basada en equidad y democracia.

El informe del 2004 abordó de forma interdependiente el interculturalismo y la globalización, analizando sus impactos en desigualdad y exclusión. En 2005, el informe “La economía más allá del gas” analizó el potencial asociativo nacional y planteó la necesidad de cambiar el patrón de desarrollo, lo que influyó en el debate electoral de ese año.

En 2006, el informe “Niños, niñas y adolescentes en Bolivia: 4 millones de actores del desarrollo” profundizó el análisis generacional y resaltó la aspiración de inclusión de la juventud, especialmente en áreas rurales y periurbanas. En el 2007, “El estado del Estado”, visibilizó cómo las desigualdades estructurales afectan la relación entre Estado y sociedad, proponiendo transformaciones hacia un Estado más inclusivo y sensible a las múltiples formas de exclusión.

La edición del 2010 partió de la premisa de que para entender las desigualdades actuales era necesario conocer sus raíces históricas y las transformaciones sociales que dieron lugar a una nueva estructura social. Identificó la persistencia de desigualdades materiales y discriminaciones territoriales, étnicas y de género, evidenciando que los avances sociales no han sido distribuidos de forma justa.

En el 2016, se analizó la relación entre logros en desarrollo humano y el papel creciente de la ciudad como espacio de bienestar. Desde una perspectiva crítica, examinó los procesos de urbanización y metropolización que, si bien mejoraron indicadores sociales, también generaron nuevas formas de desigualdad. Planteó la necesidad de políticas públicas que reconozcan y enfrenten estas desigualdades urbanas, para promover un desarrollo humano verdaderamente inclusivo y equitativo.

En definitiva, hablar de desarrollo humano en Bolivia es hablar de futuro: un futuro donde todas las personas puedan desarrollar su potencial, vivir sin pobreza, acceder a servicios básicos, participar en las decisiones que las afectan y convivir en armonía con la naturaleza. Es una invitación a construir un país más justo, humano y esperanzador para todos y todas.

 

* Por Milenka Ocampo, economista en jefe PNUD
 

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