Opinión

Desastre en Tarija por incendios

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22 de agosto de 2017, 4:00 AM
22 de agosto de 2017, 4:00 AM

El incendio desatado en la cuesta de Sama, a pocos kilómetros de la ciudad de Tarija, ha causado un saldo trágico, con enormes pérdidas para el hermano departamento del sur del país. Más de 10.000 hectáreas fueron afectadas por el fuego desatado, al parecer, por la imprudencia de una mujer que quemaba basura. Tres muertos, 15 quemados y la destrucción de enormes cantidades de forraje para los animales son parte de esta página lamentable que han vivido los tarijeños.

El primer dato preocupante fue la tardanza con la que actuaron las autoridades departamentales y las de los dos municipios afectados, San Lorenzo y Cercado. El fuego comenzó en la comunidad Erquez Ceibal el miércoles 9. Los pobladores aseguran que notificaron del problema, pero la ayuda llegó recién el viernes, dos días después del inicio del incendio. Ya el jueves se veía que el incendio había sobrepasado los cerros de Sama, pero la acción estatal reaccionó muy tardíamente.

El segundo dato preocupante es que las autoridades locales no contaban con equipos suficientes para enfrentar el siniestro. Gracias a la acción de los pobladores convocados por los cívicos tarijeños es que se pudo sofocar el incendio. Las cisternas que llegaron al lugar hicieron su trabajo, pero fue insuficiente. Fue la solidaridad de la gente la que, en gran medida, permitió controlar la crisis desatada en Sama.

El Gobierno nacional y la provincia de Salta (Argentina) enviaron helicópteros a la zona afectada, pero el caso mostró la vulnerabilidad que tiene el país frente a grandes siniestros, como el ocurrido en Tarija. Bolivia es un país con enormes extensiones de bosques que demandan una acción más efectiva por parte del Estado para contar con equipos especializados para controlar incendios de grandes magnitudes. La desprotección que tienen gobernaciones y municipios es alarmante y se debe encarar con la mayor seriedad.

El caso tarijeño deja varias lecciones. Incluso más allá de ese departamento, hoy vemos la precariedad en la que trabajan los servicios de bomberos de la Policía que, en muchos casos, se ve sobrepasada por los incendios que se producen en las principales ciudades del país. Una comisión con autoridades de los gobiernos departamentales para elaborar un plan de salvamentos no parece suficiente para encarar semejante desafío, mucho más cuando los efectos del cambio climático por las sequías e inundaciones tienen a Bolivia entre los países más afectados. 

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