El Deber logo
6 de agosto de 2017, 4:00 AM
6 de agosto de 2017, 4:00 AM

Con la Constitución Política del Estado de 2009 se inicia un constitucionalismo sin precedentes que al dar vida y materializar principios ético morales y ser proderechos y garantías, atraviesa todo el ordenamiento jurídico en base a la plurinacionalidad, interculturalidad, el pluralismo jurídico, la descolonización y el vivir bien.

La descolonización se funda en el quiebre del constitucionalismo monocultural que representaba un sector minoritario y pudiente de la sociedad, para dar paso al reconocimiento de las naciones y costumbres originarias rescatando valores ancestrales que en base al pluralismo jurídico logran el respeto y diálogo intercultural. Así aparecen derivados de ella la despatriarcalización y la perspectiva de género como nuevas corrientes que buscan la justicia social igualitaria. Se debe recalcar que no es prudente caer en la emoción de desarrollar a rienda suelta estos conceptos, que si inicialmente resultan válidos, es necesario un análisis que garantice su beneficio social a futuro.

La interpretación constitucional debe identificar los alcances en el desarrollo de estos conceptos, siendo necesario precisar las interpretaciones que resultan intolerables y delimitar el campo de licitud que en base al nuevo modelo argumentativo exprese un juicio valorativo y prudencial, revestidos de lo que la jurisprudencia ha desarrollado como razonabilidad y sentido común. Ante la presencia de un Estado complejo se crea la interpretación compleja y con ella se estudia en contexto y nada se analiza solo, por lo que la despatriarcalización y la perspectiva de género deben desarrollarse:

1. En observación de los otros valores y principios ético morales, a fin de no terminar trastocando los mismos.

2. Precautelando no afectar otros derechos fundamentales que contienen interés superior. Hay que despatriarcalizar cuidando de no satanizar la figura patriarcal y hay que desarrollar la perspectiva de género sin prejuicios que implicarían el otro extremo, teniendo luego ante nuestra imprudencia que retroceder buscando igualar al revés, para tener que ‘desmatriarcalizar’.

Un ejemplo es que bajo el concepto de perspectiva de género y el consiguiente reconocimiento de los derechos transexuales, el Tribunal Supremo Electoral ha consolidado el derecho al transnombre en la identificación personal, lo cual en principio no contradice la CPE, e incluso el derecho a la unión de personas del mismo sexo, que bajo una interpretación constitucional y observando el control de convencionalidad terminaría por no contradecir la norma suprema a pesar de que su artículo 63 dispone una limitante de hombre y mujer, y no por el liviano argumento de que la cédula de identidad dice ‘ella’ en vez de él, siendo que física y biológicamente es ‘él’, sino porque al amparo de los artículos 13.IV y 256 como norma habilitante se establece que en caso de contradicción, el derecho humano más favorable en el tratado internacional será el aplicable, prevaleciendo por sobre la Constitución.

Antes de llegar a consolidar el derecho de adopción de hijos para las personas transgénero resulta necesaria una interpretación del Tribunal Constitucional como contralor de la constitucionalidad, ante un tema tan sensible, deberá observar la posible vulneración a derechos colectivos e individuales, así como la afectación de principios como el vivir bien en la sociedad, ponderando si es lícito consolidar este tipo de derechos que devienen de nuevos conceptos bajo el pretexto de la descolonización. 

El desarrollar sin límites justificados este concepto, inobservando el análisis de la naturaleza humana, la diversidad biológica del género y el fundamento antropológico de la familia; así como las costumbres originarias, la realidad social y el respeto a otros derechos, principios y valores, sería caer en la colonización de la ideología de género o una neocolonización, desconociendo fundamentos científicos que nos puede llevar a trastornos sociales sin precedentes. 

Tags