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Los 36 tripulantes del Alakrana nunca podrán olvidar ese 3 de octubre de 2009, cuando estando a 413 millas náuticas de las costas de Somalia, el buque atunero que tripulaban fuera secuestrado por piratas. Su tormento duró 47 largos días, tiempo durante el cual todos sus intentos de escape resultaron infructuosos, así como también lo fueron los esfuerzos hechos por parte de los barcos de la marina española para salvarlos. Finalmente, el 17 de noviembre todos los rehenes fueron liberados luego de que su rescate de 4 millones de dólares fuera lanzado desde el aire por un avión militar P3-Orión.

Afortunadamente, la gran mayoría de nosotros jamás tendremos que experimentar el horror de una situación similar. Sin embargo, lo cierto es que con mayor frecuencia de lo que desearíamos, nos enfrentamos a circunstancias que colocan en peligro nuestra salud, economía, o el bienestar de nuestros seres queridos, y que por lo tanto nos generan ansiedad y nos llenan de temor. Graves crisis sanitarias como la causada por el COVID-19, nos obligan a buscar refugio en la seguridad de nuestros hogares, las mascarillas, el distanciamiento social y últimamente en la ilusión de acceder pronto a la cura que las vacunas nos prometen alcanzar. En medio de todo esto, los disturbios sociales, divisiones políticas y los serios problemas económicos que reiteradamente enfrentamos como sociedad, nos llevan a volcar la mirada hacia aquellos partidos políticos, candidatos, o los líderes de nuestra preferencia, a quienes acudimos, cual super héroes ocasionales, depositando sobre ellos nuestras esperanzas de ser rescatados. Indudablemente, y tal como enseña la Psicología Clínica, ser personas maduras emocionalmente, requiere la capacidad de asumir nuestra responsabilidad ante todo aquello que nos toque enfrentar en la vida. Incluso, según la psicoterapeuta canadiense Nathaniel Branden, “uno de los pilares fundamentales de una buena autoestima es precisamente la práctica de la responsabilidad que cada uno debe tener consigo mismo”. Sin embargo, frente a desafíos tales como los que afrontaron los marineros del Alakrana, es mejor tener una sana dosis de humildad y reconocer que tal vez a veces la solución a nuestros conflictos no radica en nosotros y tampoco vendrá de afuera, sino que, desde arriba, tal como el salmo acertadamente reza “Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra”.

Es fundamental que nunca olvidemos eso, porque la vida es así, y sin importar cuan dura sea la lucha que actualmente estemos atravesando, muy probablemente ésta pase, para que luego de una muy corta tregua, otra batalla la remplace, ya que como claramente se nos advierte “Muchas son las aflicciones del justo, Pero de todas ellas le librará Jehová”.

Por lo mismo, cuando los tiempos malos lleguen, practiquemos el tan difícil pero necesario hábito de mirar al cielo y descansar, confiados en la reconfortante verdad que nuestra salvación llegará desde arriba.

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