25 de diciembre de 2022, 4:00 AM
25 de diciembre de 2022, 4:00 AM


Llegó Navidad y la tradición enseña que es el momento para dar gracias por la vida, por las oportunidades y por el amor, que son parte esencial de la existencia. La fecha también es propicia para soñar y desear un mundo ideal, pedir que se hagan realidad los anhelos más profundos a escala individual, familiar, social y planetaria. 

Quizás el mayor anhelo que tienen los bolivianos es vivir en paz y sin incertidumbre. Para que eso sea posible no solo alcanza con creer que vivimos en un ambiente de sostenibilidad económica, porque ese factor no serviría de mucho sin la reconciliación que tanto se necesita en este momento. Comenzará el año 2023, ya pasó buen tiempo desde las elecciones, pero Bolivia aún vive confrontada. La hoguera de las diferencias tapa las coincidencias y es atizada por los políticos que insisten en descalificar al oponente, aunque en esa ruta arrasen con todo a su paso. 

Una vez más, la reconciliación debe ser construida desde el ciudadano con la certeza de ser equipo para vencer las adversidades y los embates externos e internos.

Muchos usan los discursos de confrontación con otros fines. Por ejemplo, se habla de los “terratenientes” y los “pobres” para justificar los avasallamientos de tierras y la depredación del medio ambiente. Por eso, un segundo anhelo de Navidad debería ser que Bolivia tenga la capacidad de proteger sus recursos naturales, sus áreas protegidas, sus bosques, su chaco y su amazonia, que son vitales para evitar sequías, inundaciones y otros problemas que afectan al planeta entero.

Si hubiera una convivencia armónica entre bolivianos, todos (Estado y sociedad civil) coadyuvarían a que se acabe la depredación de los recursos naturales. Los traslados humanos serían ordenados y planificados, no habría cabida para que las mafias nacionales e internacionales controlen los territorios de Santa Cruz y el país, no tendrían cabida las conductas delictivas que se nutren de la corrupción.

Un anhelo es que los bolivianos tengan empleos dignos y cada día en mejores condiciones; que se acabe la informalidad y la inseguridad para el trabajador, que se destierre la explotación y la esclavitud moderna que se esconde detrás del ámbito informal y de algunos sectores económicos que gozan de protección estatal, como es el caso de los cocaleros o de los mineros cooperativistas.

Hay que pedir por los niños, para que no se trunquen sus posibilidades de ser felices, de estudiar y de crecer bien, sin tener que trabajar o abandonar la escuela por falta de recursos. Que la educación sea innovadora, pues solo de esa manera se puede soñar con un país moderno y que da mayor calidad de vida a sus habitantes.

Desear también que la salud sea idónea y gratuita; que los hospitales sean referentes internacionales y que ningún boliviano tenga que ser rechazado por ser pobre.

La corrupción debería estar al margen del pensamiento de los bolivianos, pero no está. Por eso, hay que pedir que los empleados públicos sean servidores capaces, eficientes y honestos. Que se acaben las noticias de negociados, de pagos por QR o de venta de espacios de trabajo; en suma, que haya una verdadera revolución de la conducta, tanto para los que se aprovechan de trámites y gestiones con dinero de todos, como para los ciudadanos que acceden a pagar coimas a cambio de evitar demoras en la administración pública.

Hay que lanzar al viento el deseo de que Santa Cruz de la Sierra sea una ciudad moderna, limpia e innovadora. Que deje de ser el mercado en el que se ha convertido o la jungla de conductores que jamás piensan en el otro.

Son muchos anhelos y con seguridad que hay más. Es iluso pensar que la clase política los va a hacer realidad, por lo que hay que fortalecer la ciudadanía ya que los cambios de fondo vienen desde la sociedad civil. 

Que todos los hogares tengan paz y las transformaciones que necesitan. Que todos nos sacudamos y construyamos una mejor sociedad y un mejor planeta.