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Deshumanización

Juan José Toro M 25/3/2021 05:00

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El mundo ya lleva más de un año aguantando una pandemia que apunta a cambiarnos para siempre.

Y es que lo que ha cambiado en nosotros no han sido precisamente nuestras costumbres, revueltas al derecho y al revés, sino nuestra condición de seres humanos.

Los cambios pueden verse particularmente en Asia y Europa, que fueron los primeros continentes en ser afectados por el virus maldito y cuyos países afrontan actualmente la tercera ola, con resultados disímiles. En estos países ya se habla de la cuarta ola, así que el desafío es evitarla. Quien lo logre, podrá proclamar éxito frente a la enfermedad.

¿Cómo se evitará la cuarta ola? Vacunando masivamente a los ciudadanos de un país, hasta alcanzar la inmunidad de rebaño. En países como Reino Unido y Alemania, donde el confinamiento sigue siendo la mejor manera de evitar más contagios, evitar la cuarta ola sigue siendo un sueño difícil, pero no imposible.

Y en medio de los desiertos que ha provocado la pandemia, España aparece como un oasis porque es el país europeo que más ha flexibilizado sus medidas restrictivas de prevención del coronavirus. Sin embargo, la flexibilización no llegó tan fácil.

Como el resto del mundo, España sacrificó su Carnaval, que se celebraba con especial dedicación en Badajoz, Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria, y, pese a su proverbial tradición católica, también ha resuelto volver a suspender las procesiones de Semana Santa. Cuanto más, los fieles podrán acudir a los pies de sus imágenes más emblemáticas para rezar frente a ellas, en ceremonias que, aunque son llamadas “besamanos”, evitan el contacto físico.

El barbijo, que es más conocido como mascarilla, es un accesorio infaltable en el atuendo de los españoles que respetan las distancias físicas cuando hacen fila y han limitado el contacto físico al mínimo posible. En las reparticiones oficiales no se acepta ningún pago en efectivo y todo se hace mediante tarjeta, aunque eso signifique perder ventas o evitar que la gente ingrese a los museos.

Las medidas han sido duras pero, gracias a eso, este país ha sido el primero en flexibilizar sus restricciones a tal punto que, al ser el que más ha ampliado sus horarios de circulación, y permite el funcionamiento de locales de venta de comida y bebida, ahora es la atracción de los europeos que acuden en grandes cantidades, especialmente a Madrid, y, así, están reactivando la economía de España.

Pero eso tiene un precio. Limitar el contacto físico ha significado poner muchas de las actividades bajo el control de los “boots”, las máquinas, mediante una automatización que ha comenzado a reemplazar paulatinamente a las personas.

Gracias a esas medidas, España ha frenado al coronavirus, y quizás no tenga cuarta ola, además que ya se está recuperando, pero, a cambio, ha deshumanizado muchos de sus servicios.

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