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Deslucidamente viviente

César Maldonado 17/3/2021 05:00

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Las elecciones son noticia y yo quiero hablar de algo, no sé si diferente o del producto de este poder que les otorgamos los que sellamos nuestros votos. Quiero hablar de esas ínfulas que los elegidos adquieren de ciencia infusa (en este caso, “sabiduría” por el solo hecho de ejercer, la magia de Merlines fracasados). Este defecto ocurre más entre los que están en el poder. No me confundo más y me retengo en lo que quiero decir.

Los elegidos no son Dios, pero actúan como si lo fueran, con la salvedad de que Aquél decía y hacía, su verbo y su acción eran lo mismo. Estos que se convierten en diosecillos dictan sobre todo con antojo y a voluntad del cacique y no siempre se cumple lo que dictan, a pesar de que se rodean de la ley para sus caprichos y de otras instituciones para sus redondos artificios ¿Existen payasos políticos? A esta altura no se convierten en bondad, que fue lo de Dios al momento de crear, sino en soberbios enanos que solo quieren que nos enteremos de que ellos están en el poder y que no tienen rival en las esferas del capricho de la decisión.

Unido a esto que acabo de pronunciar, que no de hacer, está ese prurito de querer hacerse Adanes, este fue encargado de nombrar las cosas y los otros, los que están en el poder, quieren nombrar como reinventando la vida, sus reglas, sus pesares y sus maravillas, sobre todo. Han nombrado a la revolución y no se ve que eso funcione; aún no parecen caer en la cuenta de que el poder que pronuncia eso también debe practicarlo, no solo predicarlo. Han pronunciado vivir bien y parece que esto solo funciona para quienes han estado permanentemente en el poder, por las fortunas que los hacen vivir bien; mientras la mayoría sigue siendo el botín de votos por consigna y alguno que otro regalo que no sale del bolsillo de los pronunciantes. Se ha dicho revolución productiva y nunca como antes nos habían llegado hasta papas de los países vecinos; entre tanto, los campos siguen siendo abandonados. Ni siquiera se ha hecho una política de atajados o represas que puedan regar las tierras a secano. Entre tanto, la migración campo-ciudad es noticia cotidiana. Ahora detienen y algún sabio ministro ha dicho que a la expresidenta no se la detiene por ex, sino por senadora; ¿y qué delito cometió entonces? El capricho y la prepotencia, la falacia pueden más que la lógica y la justicia

Uso otro párrafo para hablar del mismo defecto de Adán en nuestros políticos. En educación nos han lanzado su famosa reforma, la 070, bajo el nombre de dos educadores de respeto: Avelino Siñani y Elizardo Pérez. Sus razones parecían cabales e interesantes, por la descolonización del conocimiento, el fomento del mismo, en su producción y en su rescate; la educación como tarea de todos los actores de la sociedad. Esto, para nombrar algunas cosas interesantes. Lo que tenemos es que se ha maquinado para hacer de la educación un asunto de adoctrinamiento y de mediocridad. Un estudio comparativo de la Unesco nos ubica en el antepenúltimo lugar en América Latina. En diez años de reforma hemos retrocedido y se ha convertido la educación y la calidad educativa en disimulo de cuotas y de controles que solo hacen llenar formularios y no mentes curiosas. Cuando los colegios fiscales deberían superar en calidad a los particulares nos encontramos con que esto no ha sucedido; la brecha se ha hecho mayor. Sé que alguno me va a apalear por esto que digo, pero se han convertido las jornadas educativas en circos con las olimpiadas científicas haciendo que todos los sectores clasifiquen, como que se tratara de los cupos de electores; los sabios no entienden que en educación se practica continuamente la discriminación positiva, solo los mejores serán capaces de provocar algún impacto; el resto, tiene el peligro de convertirse en político de ciencia infusa. Se habla de descolonización que se reemplaza, ahora más que nunca, por una colonización andina, de tinte más aimara que quechua.

Ya vemos, entonces, que nos topamos con Adanes fracasados que solo quieren imponer su voluntad a golpe de discursos, de dedocracia, de fiscales y abogados que “arreglan los desaciertos” (la expresión es de un cacique que aún parece mandar) y de grandes concentraciones que no parecen engañar ni a sus conciencias (aquí no caigo en la sospecha de que ese bichito se les haya extraviado en alguna de las guitarreadas o del asco de no pertenecer más a un cuerpo de tanto desparpajo).

Dios quiera que no hayamos elegido a otros aspirantes a sabios de ciencia infusa, quienes, sintiéndose en el poder crean que pueden hablar sobre todo y legislar sobre cualquier cosa y sentenciar sobre el rival con descalificaciones brutales, sin matices de razonamiento. Porque si no se tiene otra cosa o un basamento de raciocinio o se carece del sentido del vértigo, se practica la ignorancia atrevida.



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