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Desnormalicemos la corrupción

Mauricio Rivero 31/5/2021 05:00

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El sonado caso “Murillo” nos revela nuevamente que la corrupción, los actos delictivos y deshonestos cometidos por autoridades en nuestro país no son atribuibles a una corriente política en particular, no es cuestión de derecha o izquierda, sino más bien pareciera ser la “punta del iceberg” de algo más profundo y estructural, y que está arraigado en el ADN de nuestra sociedad y de nuestra cultura, algo con lo que hemos llegado a convivir peligrosamente con una preocupante complicidad, pasividad y resignación.

Es por ello que hoy tenemos la oportunidad y responsabilidad de generar una corriente contraria a esa “marea negra” que ha permeado además de las instituciones gubernamentales, a los círculos empresariales, la justicia y otras organizaciones que mueven los engranajes de la economía, la política y el pensamiento colectivo.

Pero, ¿dónde se va incubando el “genoma corrupto”? Quizás en el docente que acepta dádivas para hacer pasar de materia a un universitario, en la creatividad del colegial para copiar en los exámenes, en el “atajo” para agilizar un trámite o en la platita que ofrece un infractor de tránsito para que el policía se haga de la vista gorda; todo esto, con el tiempo, se vuelve tolerable, aceptado y hasta un anecdótico reflejo de la viveza criolla, llegando a verse como la forma “normal” de hacer las cosas. Y así se va escalando gradualmente, preparando el terreno para luego llegar a las grandes “ligas”: el tráfico de influencias, la evasión fiscal, extorsiones, sobornos para mover un caso judicial, la “comisión” para adjudicarse la licitación de una institución pública o privada, el contrabando interminable en las fronteras, hasta llegar a las cifras astronómicas de casos internacionales como Odebrecht, el mega fraude financiero de Enron y hasta ¡la FIFA!, que involucraron a empresarios influyentes, autoridades de alto rango y hasta mandatarios de estado.

Pero, ¿En qué momento puede llegar a originarse esta forma de pensamiento y comportamiento? Cuando se empieza a construir el set de valores y el “lente” a través del cual interpretaremos nuestra manera particular de ver el mundo, por medio de los principios rectores grabados en el corazón en la temprana edad de una persona, y del cual el principal grado de influencia lo ejercen los padres o tutores a través del reflejo del modelo de vida que consciente o inconscientemente van construyendo a través los actos que hablan más fuerte que las palabras. “El temperamento nace con nosotros, ya sea débil o fuerte, la personalidad es lo que nos distingue, y la enseñanza moral es aquello que instruye el corazón”. (Gary y Anne Ezzo).

Empecemos entonces a des-normalizar estos anti valores desde nuestra posición, desde nuestras esferas de influencia, desde el hogar, desde el liderazgo empresarial, desde el ejemplo; contribuyamos a un cambio de mindset y no nos resignemos a la idea de aceptar y convivir con esta realidad. Trabajemos en las etapas tempranas de la formación ciudadana, sumemos a este movimiento a grandes “jugadores” que abanderen esta causa, a través del sistema educativo, de políticas públicas, el acompañamiento de la poderosa influencia de los medios de comunicación, de influencers y youtubers que se comprometan a generar una nueva cultura ciudadana que amplifique la transparencia, la integridad y las buenas prácticas, generando consciencia, “reseteando” y desarraigando lo que no está bien.

Todos y cada uno de nosotros somos responsables de esto. Dejemos de apuntar el dedo y de rasgarnos las vestiduras con los escándalos que vemos casi a diario. Entendamos que es responsable el que soborna, el que recibe y el indiferente que no reacciona porque está adormecido y adaptado a un sistema porque vive con la sensación de que es una realidad que no se puede revertir, y por lo tanto se acomoda, se hace cómplice y se vuelve parte del círculo vicioso.

¡No más tolerancia, condescendencia y complicidad! Dejemos de llamar a lo malo bueno y a lo bueno malo; heredemos un legado que trascienda, sembremos la semilla y hagamos la diferencia.

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