Opinión

Día del Trabajo con nubarrones y desafíos

Editorial El Deber 1/5/2020 03:00

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Después de 131 años en que se declaró que el primero de mayo se conmemoraría el Día del Trabajo, en memoria de los mártires de Chicago, esta es la primera vez que la fecha llega cargada de incertidumbre y de desafíos para la clase obrera mundial. Ahora, lo que se veía como una sombra acechante, se va convirtiendo en realidad. Si la Organización Internacional del Trabajo anticipaba que habría 25 millones de desempleados a escala global, como efecto del coronavirus, ahora podemos decir que la cifra quedó chica. Solo en Estados Unidos se reportan más de 30 millones de personas cesantes, sin contar las que ya hay en el resto del planeta.

A medida que pasan los días, en las estadísticas de muchos países va subiendo la proyección del desempleo, del mismo modo en que van cayendo las expectativas de crecimiento económico en todo el mundo y, obviamente, también en América Latina. Las proyecciones hablan de que en realidad habrá un decrecimiento y que todos viviremos una crisis nunca antes vista.

La Cámara de Industria y Comercio anticipa que las pérdidas del sector privado están entre el 50 y el 100 por ciento. El Gobierno ha dispuesto otorgar créditos para que las empresas que no tuvieron ingresos puedan pagar sueldos; también para que las Pymes puedan tener capital y resurgir de las cenizas en las que se encuentran ahora. En este momento, todo parece insuficiente.

Si revisamos la estructura del empleo en Bolivia, vemos que en las ciudades siete de cada diez fuentes de trabajo se generan en el sector informal. Más de un tercio de la población que trabaja es obrero o empleado y el 44 por ciento es ‘cuentapropista’; es decir, que genera su propio negocio y vive de eso. En muchos casos se trata de empresas familiares, donde no hay remuneración o esta es variable en función de los ingresos; en otros casos, se trata de empresas que contratan obreros pero que no otorgan garantías de estabilidad laboral, de seguridad social, aporte a las AFP y, a veces, ni siquiera horarios.

Lo descrito significa que la calidad del empleo ya estaba deteriorada en Bolivia mucho antes del ingreso del coronavirus en la escena mundial. El Gobierno del MAS, lejos de formalizar el trabajo, alentó la economía informal con la existencia de sectores con empresarios millonarios que no aportaron al erario nacional y que, en muchos casos, han vulnerado las leyes, como los contrabandistas, los comerciantes que se camuflan en el régimen simplificado y hasta los narcotraficantes que no fueron combatidos como se debe.

Mientras eso pasaba con la calidad del empleo, la dirigencia de los trabajadores (la Central Obrera Boliviana y sus filiales departamentales) se ocuparon de hacer política y de ser genuflexos ante el poder, aún a sabiendas de que los obreros del ámbito informal (la mayoría de la población trabajadora) era maltratada y sus derechos no eran respetados. 

A partir de la emergencia del coronavirus, la economía boliviana se va a caer en al menos un 3%, de acuerdo a los pronósticos del Gobierno. El sector privado ya está demandando nuevas reglas del juego en lo laboral y tributario. Todo esto provocará un remezón en el país. Porque frente a esa realidad es probable también que las empresas quiebren si pretenden volver a producir en las mismas condiciones que antes. La realidad plantea una encrucijada muy difícil de resolver.

Este panorama muestra desafíos mayúsculos para todos. Por un lado, los empleadores van a tener que reinventarse para sobrevivir y reinventarse no solo significa achicarse en estructura de costos y de personal, sino fundamentalmente descubrir nuevos modelos de negocios que se adecúen a la nueva normalidad que tendremos. Por otro lado, los trabajadores van a tener que apresurar el aprendizaje de cuanta habilidad sea necesaria para adaptarse a la realidad que se devela y tener una posición de ganar-ganar en la relación obrero patronal. Ya se ha visto, por ejemplo, que todos aprendieron aceleradamente a usar la tecnología porque ha sido la única forma de mantenerse productivos en este tiempo; otros tuvieron que cambiar la confección de ropa por la de barbijos y así.

A su vez, la clase política y el Gobierno al que le toque administrar la nueva realidad, deberá llegar a acuerdos para trazar políticas de Estado que permitan recuperar la economía en un sano equilibrio con los intereses y bienestar de los trabajadores, que son los que alimentan a la población.

En este momento hay más de dos millones de personas en extrema pobreza temporal, el reto es que no queden en esa condición cuando pase la tormenta. Lo peor es que no se sabe hasta cuándo permanecerán los nubarrones que hacen peligrar la salud.

El panorama es sombrío en este Día del Trabajo. Lo que cuenta es que son las crisis las que obligan a replantear todo y renacer. Que así sea en Bolivia, que este sacrificio sirva para que dentro de algunos años estemos mejor.



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