Opinión

Diálogo con Argentina

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7 de febrero de 2017, 4:00 AM
7 de febrero de 2017, 4:00 AM

La hermana República Argentina a cobija muchos compatriotas. Se calcula que casi un millón de sus habitantes son bolivianos y otro tanto son descendientes. Tradicionalmente, y más allá de aislados casos de tráfico de personas o de malos tratos (a veces infligidos hasta por connacionales), la comunidad boliviana en la nación del Plata es pacífica, productiva y aporta. Últimamente, el presidente Mauricio Macri decretó nuevas medidas en fronteras para prevenir la delincuencia y el narcotráfico. Las regulaciones han creado zozobra e inquietud, su aplicación literal podría crear problemas. Declaraciones diversas calentaron, además, un panorama que más tiene que ver con la criminalidad que con la inmigración. Ahora viene el tiempo del diálogo, de la imprescindible búsqueda de entendimientos constructivos. Para eso viajó a la capital argentina una comitiva de nuestro país. Cabe esperar que cumpla positivamente con su misión.

Es un hecho que vivimos tiempos difíciles en materia de control sobre aspectos que mantienen atribulada a la comunidad internacional, entre ellos el terrorismo, el crimen organizado y la maligna actividad de traficantes de drogas. Argentina se ha convertido en zona de tránsito y de consumo de cocaína producida clandestinamente en Perú y Bolivia. Ese recorrido nefasto genera acciones delincuenciales en los tres Estados. He aquí una realidad que nos afecta a todos. En lo que hace a Bolivia y Argentina, debemos luchar juntos contra este flagelo, pero sin perjudicar movimientos personales de ambos lados, menos aún el comercio y el normal tráfico fronterizo. Asimismo, en ningún punto de control de los dos países deben violarse derechos humanos. Estos son tiempos de unión, integración y mutuo respeto. 

Estamos convencidos de que será posible lograr acuerdos positivos con Buenos Aires y, al unísono, bajar decibeles. Existen convenios vigentes y deben aplicarse. Urge reactivar los Comités de Fronteras, con el sano objetivo de solucionar entre ellos múltiples temas limítrofes antes de que se produzcan roces o lleguen a mayores. Un buen funcionamiento de esos comités bilaterales podrá evitar las exageradas repercusiones mediáticas que ambas administraciones desean evitar. Por otra parte, será conveniente aclarar el alcance de las medidas restrictivas impuestas por Argentina y asegurarse de que ellas tengan cierta flexibilidad acordada entre partes. En fin, gobiernos, normas y problemas van, vienen y vendrán, la frontera formal como ente dinámico estará siempre ahí, pero para ser un vínculo fraterno y positivo, jamás de división entre dos países hermanados por una rica historia común 

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